Un relevamiento oficial ubicó a la provincia al tope del cierre de firmas empleadoras, duplicando a Misiones y Tierra del Fuego. El titular de UNIR, Juan Carlos Serrano, reveló que el parque fabril perdió más de diez socios en tres años, alertó sobre la competencia desleal de importados chinos y cuestionó la asfixia impositiva compartida entre Nación y Provincia.
La actividad productiva riojana atraviesa su contracción más severa en décadas. Según un informe sobre el mapa laboral y corporativo de la Argentina, La Rioja encabeza el ranking nacional de caída de empresas empleadoras con un retroceso interanual del 16,6%. La cifra no sólo duplica el deterioro registrado en distritos que le siguen en la nómina como Misiones (-8,7%) y Tierra del Fuego (-8,0%), sino que contrasta con el promedio general amortiguado por los grandes centros urbanos y con el caso aislado de Neuquén, la única jurisdicción con saldo positivo gracias al empuje de Vaca Muerta.
En declaraciones radiales, el presidente de la Unión Industrial de La Rioja (UNIR), Juan Carlos Serrano, reconoció la crudeza del escenario y advirtió que la parálisis de la construcción y el comercio arrastra de manera directa a la manufactura local. El dirigente fabril diagnosticó una profundización del parate durante el último trimestre y alertó que el entramado privado carece de oxígeno financiero para capear la recesión.
Récord negativo nacional: el 16,6% que duplica al resto del país
El indicador sitúa a La Rioja en el epicentro de la destrucción de unidades productivas formales. Serrano explicó que, a diferencia de economías diversificadas como Córdoba o Santa Fe —donde el excedente del complejo agropecuario sostiene la rueda del consumo y la inversión inmobiliaria privada—, el mercado riojano carece de amortiguadores internos cuando la demanda nacional se congela.
«En economías pequeñas y alejadas de los puertos, una recesión prolongada te pega en el corazón; no es lo mismo que bajen la persiana tres empresas en la pampa húmeda que acá, donde dependemos de colocar nuestra producción en otras provincias», remarcó el titular de UNIR.
El empresario descartó que se trate de una oscilación estacional y subrayó que el sector acumula más de tres años de contracción ininterrumpida, con un agravamiento sostenido que agotó los mecanismos habituales de supervivencia, como la refinanciación de pasivos bancarios o la acumulación preventiva de stock.
Diez fábricas menos y el impacto en el vino, el olivo y el textil
La dimensión de la crisis se traduce en bajas concretas dentro de la gremial empresaria. Serrano reveló que la Unión Industrial riojana perdió más de diez firmas asociadas en el último trienio, tratándose de compañías de capital privado que cerraron sus plantas de manera definitiva ante la imposibilidad de sostener sus estructuras de costos fijos.
El deterioro golpea los pilares tradicionales de la identidad productiva provincial. La Rioja se mantiene como la tercera productora vitivinícola de la Argentina, pero las bodegas sufren una retracción histórica en los despachos internos. A esa parálisis se suman las dificultades del sector olivícola y la debacle del parque textil del Parque Industrial capitalino, que opera a menos de la mitad de su capacidad instalada.
La industria riojana destina más del 90% de sus manufacturas al consumo de los grandes centros urbanos del país. Al precipitarse el poder adquisitivo en Buenos Aires, Rosario y Córdoba, los pedidos a las plantas riojanas cayeron a mínimos históricos, dejando a las fábricas locales sin volumen operativo.
Dumping chino, aranceles cero y la mochila tributaria
El titular de UNIR puso el foco en las asimetrías que genera la política de desregulación y apertura comercial impulsada por Balcarce 50. Denunció que la baja de aranceles a la importación expone a las pymes nacionales a una competencia desleal contra bienes elaborados en Asia que ingresan a precios subsidiados por el Estado chino.
«No pretendemos un país cerrado ni rechazamos competir, pero queremos competir de igual a igual. De la puerta para adentro las fábricas riojanas son eficientes, pero al salir al mercado cargan con un paquete tributario asfixiante mientras los productos de afuera entran con arancel cero y subsidios de origen que destruyen la producción local para luego aplicar prácticas de dumping», cuestionó con dureza.
Serrano graficó la falta de articulación económica interna: empresas riojanas de bienes para el hogar o equipamiento no cuentan con la tracción de una minería a gran escala o un polo sojero que demande insumos locales, dejándolas en un callejón sin salida comercial.
La trampa fiscal entre Balcarce 50 y la Casa de las Tejas
El debate de fondo apuntó a la estructura impositiva que ahoga al contribuyente formal. Serrano evitó alinearse con la disputa política entre la Nación y la Provincia, pero desnudó una trampa fiscal que expulsa a las empresas hacia la informalidad: mientras la Casa Rosada desfinancia a las provincias recortando transferencias, los estados subnacionales responden elevando las alícuotas de Ingresos Brutos y los municipios incrementan sus tasas para compensar la caída de recursos.
«El esquema tributario está agotado en los tres niveles del Estado; cuando la informalidad se convierte en la única vía para no cerrar, es porque el sistema no funciona más», diagnosticó el referente fabril.
Para cerrar, Serrano lanzó una advertencia sobre la fragmentación del mapa productivo argentino: «No puede ser que la única salida sea mudarnos todos a Neuquén porque es el único lugar que crece por Vaca Muerta. La minería y la energía son fundamentales, pero un país no vive de un solo sector; si no hay consumo ni salarios que alcancen para comprar un colchón o una botella de vino, la espiral recesiva nos va a seguir arrastrando a todos».



