El manual del «Gitano»: cómo juega Quintela con la caja, el calendario oculto y las migajas de poder para que nadie le arme la sucesión

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Dueño absoluto de los recursos del Estado y decidido a no regalar el sillón que tanto le costó conseguir, el gobernador aplica una estrategia de casino hacia 2027. Deja correr a todos los aspirantes sin revelar si se vota en septiembre o en octubre, reparte cuotas medidas entre Madera, López y Pedrali, y mira con ironía el desfile de quejas por la finca de Beder Herrera.

A Ricardo Quintela le dicen «el Gitano» desde hace décadas, y en el tramo definitorio de su mandato decidió actuar exactamente haciendo honor a su apodo: mezcla las cartas bajo la mesa, negocia con todos sin entregar el mazo y esconde su verdadera jugada hasta el último segundo. En la intimidad de la Casa de las Tejas hay una premisa innegociable que ordena cada uno de sus movimientos: al gobernador le costó demasiado llegar a la cima del poder provincial y no está dispuesto a regalarlo ni a convertirse en un «pato rengo» antes de tiempo.

Su principal herramienta de disciplinamiento es tan vieja como efectiva en la política riojana: el control absoluto de la caja. Quintela tiene la llave del tesoro provincial y sabe que, en un contexto de asfixia económica, ningún dirigente del peronismo puede financiar una aventura electoral sin su firma. Por eso aplica la táctica del desgaste y la ilusión: en privado les dice a todos que «se larguen» a caminar como precandidatos a gobernador, pero les esconde el dato más sagrado del tablero, la fecha exacta de las elecciones.

El misterio del almanaque y la carta de Quintela diputado

Hoy nadie en el oficialismo —ni en la oposición— sabe con certeza cuándo se abrirán las urnas en La Rioja. El gobernador juega como en el casino, reteniendo su apuesta hasta que la bola esté a punto de caer:

  • La hipótesis de octubre y el desgaste de Milei: Hacia afuera, Quintela dejó correr que los comicios provinciales serán en octubre, pegados al calendario nacional. Detrás de esa idea está la apuesta a que el paso de los meses profundice el desgaste social y económico del gobierno de Javier Milei, arrastrando a los libertarios locales.
  • El as bajo la manga de septiembre: Sin embargo, en su mesa chica nadie descarta que el mandatario decida adelantar las elecciones para septiembre. Aún no lo tiene definido y usará esa incertidumbre para mantener a toda la dirigencia atada a sus pies.
  • Su propio futuro en la boleta: Lejos de pensar en la jubilación política, en los pasillos oficiales ya se analiza seriamente que el propio Quintela encabece la lista como candidato a diputado nacional, una jugada que le permitiría traccionar votos en primera persona, conservar fueros e influencia nacional y condicionar de cerca a quien herede el sillón de la Gobernación.

Un poquito para cada una: la administración de las aspirantes

Mientras en el núcleo duro del «quintelismo puro» apalancan al intendente capitalino Armando Molina, el «Gitano» despliega un fino equilibrio con las tres mujeres de peso que orbitan la discusión sucesoria, dándoles oxígeno suficiente para contenerlas, pero nunca el volumen necesario para que se autonomicen:

  • Mimos para Teresita Madera: A la vicegobernadora la cuida en las formas, la mima políticamente y la deja recorrer el interior, aunque sin darle jamás la bendición formal como heredera.
  • Paciencia con Florencia López: Lejos de enojarse o pasarle factura por su sobreactuación de lealtad hacia Cristina Kirchner en el plano nacional, Quintela la deja hacer su juego, sabiendo que el sello nacional no alcanza sin el aparato territorial riojano.
  • Caja acotada para Gabriela Pedrali: Aunque quedó relegada en la carrera por la sucesión ejecutiva frente al ascenso de Molina, el gobernador la compensó entregándole el manejo de la caja del Plan Angelelli, un recurso territorial valioso para hacer obras e intervenciones sociales, pero estrictamente monitoreado desde arriba.

La regla de oro del gobernador es clara: a todos les da un poquito para que sigan adentro del corral, pero a nadie le entrega el poder real.

Las lágrimas en «La Seis» y la impotencia de Beder Herrera

En ese esquema de control total, Quintela también disfruta de un espectáculo paralelo que conoce al dedillo: el peregrinaje silencioso de dirigentes, funcionarios heridos e intendentes desencantados que llegan hasta la finca «La Seis», el histórico refugio de Luis Beder Herrera, para llorar por las penurias de la gestión actual y quejarse del destrato de la Casa de las Tejas.

Al gobernador le llegan los partes diarios de quiénes cruzan esa tranquera en busca de consuelo o de un armado alternativo. Sin embargo, lejos de preocuparse, Quintela observa la escena con pragmatismo quirúrgico: sabe perfectamente que Beder Herrera puede ofrecer oído, café y anécdotas de poder, pero no puede hacer absolutamente nada para torcer el rumbo de la interna porque no tiene caja. Y en la política riojana que hoy conduce el «Gitano», las lágrimas en las fincas no ganan elecciones; las elecciones se definen donde está la chequera.

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