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La Rioja instrumentará la Renta Básica Universal con rango constitucional

Un análisis pormenorizado de los modelos económicos en el contexto de Latinoamérica y, en particular de nuestro país y, en consecuencia por inferencia en nuestra provincia lo realiza Zaffaroni, en su obra “El Derecho Latinoamericano en la fase superior del colonialismo” quien nos describe que “Toda vez que en América Latina el modelo que procura inclusión debe vencer la resistencia del capital financiero transnacional y de sus personeros locales, la polarización, en otro plano, se da entre independencia o dependencia.

En síntesis puede afirmarse que se contraponen los siguientes elementos:

(a) Por el lado del colonialismo: modelo social excluyente no redistribución, desigualdad extrema, dependencia.

(b) Por el de la resistencia al colonialismo: modelo social incluyente, redistribución, menos desigualdad, independencia”; como se advierte en este planteo del autor de referencia, claramente el contexto actual nos interpela entre estas dos posiciones, que, si bien formalmente nuestra Constitución opta por la inclusión y la redistribución, muchas veces el capital, especialmente el transnacional opera en detrimento de la norma Magna.

En otro tramo afirma Zaffaroni que “esta polarización puede traducirse sintéticamente en términos jurídicos y en particular de Derechos Humanos: el colonialismo se opone al derecho humano al desarrollo, en tanto que la resistencia al colonialismo impulsa su realización…que los hechos permiten verificar que es imposible desligar el derecho al desarrollo humano del derecho a la vida… y de la norma básica de la antropología constitucional: todo ser humano es persona”.

El premio Nobel Joseph Stiglitz remarcó en numerosas entrevistas que las expectativas de un rápido repunte son una fantasía y destacó los cambios a futuro que habrá en los patrones de consumo y el mercado laboral.

Para el experto, será indispensable la intervención del Estado para apuntalar la recuperación ante el “el aumento de la desigualdad” que se avecina.

“El efecto post-pandemia en las economías será anémico, no solo para los países que manejaron mal el brote, como Estados Unidos, sino a nivel global”.

El pronóstico lo realizó el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, quien remarcó que las expectativas de un rápido repunte son una fantasía y destacó los cambios a futuro que habrá en los patrones de consumo y el mercado laboral.

El reconocido economista advirtió que “los mercados por sí solos no son adecuados para gestionar” la transformación que habrá producto del descalabro que provocó el coronavirus y planteó la necesaria intervención del Estado para apuntalar la recuperación.

Por su parte la secretaria ejecutiva de la CEPAL Alicia Bárcena, recalcó los efectos positivos de la igualdad para una mejor recuperación tras la pandemia. 

En su intervención en el Consejo Consultivo de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Asuntos Económicos y Sociales, señaló que la igualdad es también necesaria para la formulación de políticas ya que constituye un pilar en la construcción de las instituciones.

“La pandemia nos ha mostrado que en nuestra región tenemos la urgencia de implementar un cambio estructural y ponernos al día en materia tecnológica. También nos ha mostrado muy claramente que la intervención del Estado es crucial para la protección social y la inclusión, ya que el mercado no nos ayudará a igualar la sociedad”, finalmente estima que “el impacto de la igualdad debe verse en la productividad, el crecimiento y la diversificación económica mediante una expansión de las capacidades humanas”.

En este mismo sentido clarifica Zaffaroni que “la desigualdad social es una deuda pendiente que martiriza el presente y configura un futuro lleno de desventajas para la mayoría de sus habitantes. Mundialmente, confrontan dos modelos de comunidad que se intentan configurar y pugnan, la mayoría de las veces, entre sí: una comunidad incluyente, con ciudadanos, cuyo horizonte de proyección lo constituye determinada igualación; y otra excluyente, con una ciudadanía de baja o nula intensidad para los desposeídos y de alta intensidad para aquellos que disfrutan del conjunto de las ventajas”.

El Papa Francisco en una carta a los movimientos populares el 12 de abril de 2020, planteo a nivel mundial la renta básica universal en los siguientes términos: “Qué difícil es quedarse en casa para aquel que vive en una pequeña vivienda precaria o que directamente carece de un techo. Qué difícil es para los migrantes, las personas privadas de libertad o para aquellos que realizan un proceso de sanación por adicciones. Ustedes están ahí, poniendo el cuerpo junto a ellos, para hacer las cosas menos difíciles, menos dolorosas. Los felicito y agradezco de corazón. Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estado céntricos, sean mercados céntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad.

Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir. Sé que ustedes han sido excluidos de los beneficios de la globalización. No gozan de esos placeres superficiales que anestesian tantas conciencias. A pesar de ello, siempre tienen que sufrir sus perjuicios. Los males que aquejan a todos, a ustedes los golpean doblemente.

Muchos de ustedes viven el día a día sin ningún tipo de garantías legales que los proteja. Los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado. Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento… y las cuarentenas se les hacen insoportables. Tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal (el subrayado en negrita me pertenece) que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y cristiana: ningún trabajador sin derechos”.

En virtud de ello estamos decididos a dar un salto cualitativo en la línea del constitucionalismo social, para promover un Estado que pase del bienestar social al de la solidaridad social, en este sentido se puede pensar en:  Incorporar la función solidaria de la economía y el presupuesto participativo e instrumentalizar la Renta Básica Universal con rango constitucional, además de normas programáticas de administración financiera del sector público provincial.

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