Ricardo Quintela, gobernador de La Rioja, jurará el próximo 9 de agosto la nueva constitución provincial en un acto que contará con la presencia de legisladores, intendentes y concejales. Este evento, que también incluirá a gobernadores de Unión por la Patria, ha sido ampliamente criticado como una maniobra política para catapultar a Quintela a la escena nacional.
La nueva constitución, que introduce 30 nuevos artículos y modifica otros 20, ha sido descrita como «moderna» por sus promotores, destacando la inclusión de una renta universal básica para los sectores más vulnerables. Sin embargo, críticos señalan que estas reformas son una fachada para consolidar el poder de Quintela y desviar la atención de los problemas estructurales que enfrenta la provincia, como la pobreza, el desempleo y la corrupción.
Ada Maza, presidenta de la convención constituyente, defendió la nueva carta magna, afirmando que establece un «nuevo acuerdo social» que otorga más derechos y posibilidades a los ciudadanos. No obstante, detractores argumentan que las promesas de igualdad y justicia social son insuficientes y poco realistas, especialmente en un contexto económico adverso y con una administración provincial que ha sido acusada de mal manejo de fondos públicos.
El acto del 9 de agosto ha sido visto por muchos como un intento de Quintela de posicionarse como una figura de oposición fuerte al modelo de Javier Milei, similar a lo que sucede en la provincia de Buenos Aires con Axel Kicillof. Sin embargo, la estrategia de confrontación y la falta de propuestas concretas para resolver los problemas inmediatos de los riojanos han generado escepticismo sobre sus verdaderas intenciones.
Además, el alto perfil de Quintela en este momento ha sido interpretado por algunos analistas como una forma de compensar la falta de liderazgo fuerte dentro del peronismo. Aunque mantiene buenas relaciones con figuras clave del espacio, como Cristina Kirchner y Sergio Massa, su aspiración a la presidencia del PJ Nacional se enfrenta a la oposición de otros dirigentes con similares ambiciones.
En resumen, mientras Quintela se prepara para jurar la nueva constitución riojana, las críticas sobre su gestión y sus aspiraciones políticas continúan creciendo. La percepción de que sus acciones son más un juego de poder que un verdadero intento de mejorar la vida de los riojanos podría ser un obstáculo significativo en su camino hacia la proyección nacional.




