Tormenta perfecta sobre el vino argentino y alerta en los valles riojanos: dólar barato, caída del consumo mundial y el riesgo de abandono de viñedos

5–7 minutos

Un informe del economista Jorge Day para el IERAL de la Fundación Mediterránea advierte que la vitivinicultura enfrenta por primera vez dos crisis simultáneas: el desplome global de la demanda de vino y el encarecimiento de los costos internos en dólares desde 2023. El estudio señala que si se mantiene el statu quo el ajuste recaerá sobre el precio de la uva —en baja desde hace tres años—, una postal que en La Rioja ya golpea a los pequeños viñateros de Chilecito y Famatina (donde CARPA acumula $300 millones en cheques rechazados), mientras la única salida pasa por el vino de alta gama y el enoturismo como la apuesta de Catena Zapata en Chañarmuyo.

La vitivinicultura argentina —y con ella el corazón productivo de los valles de Chilecito, Famatina, Castro Barros y General Felipe Varela en La Rioja— atraviesa una encrucijada estructural inédita. A diferencia de otras crisis cíclicas de sobreestock o accidentes climáticos, hoy las bodegas y los productores primarios chocan de frente contra dos paredes simultáneas: un mundo que toma cada vez menos vino y una macroeconomía argentina donde, desde 2023, el dólar subió mucho menos que los costos internos en pesos, pulverizando la rentabilidad exportadora.

El diagnóstico surge del último informe publicado en Novedades Económicas del IERAL (Fundación Mediterránea)por el economista especializado en economías regionales Jorge Day. Bajo el título “El futuro del vino argentino: qué aprender de sus competidores”, el estudio traza un paralelo con las reconversiones que debieron aplicar Chile y Australia, y lanza una advertencia directa a los gobiernos provinciales y nacionales: si la cadena se queda de brazos cruzados esperando una devaluación salvadora, el eslabón más débil pagará los platos rotos con el derrumbe del precio de la uva y el abandono masivo de viñedos.

El peligro del “statu quo” y la crisis que ya se siente en las fincas de Chilecito

El trabajo de Jorge Day describe con crudeza qué ocurre cuando la industria vitivinícola adopta una postura pasiva (statu quo) frente a costos en dólares en alza y ventas externas en retroceso: el ajuste se descarga hacia atrás sobre el productor primario, hundiendo el precio real del kilo de uva —que ya acumula tres vendimias consecutivas en baja— hasta forzar la erradicación o el abandono de las parras.

En La Rioja, tercera provincia vitivinícola del país y cuna del Torrontés Riojano, esa advertencia técnica ya dejó de ser una proyección teórica para convertirse en una crisis financiera palpable:

  • Pequeños productores al límite y cheques voladores: La falta de rentabilidad en los vinos de gama media y a granel, sumada al salto sideral en las boletas de energía eléctrica para el riego por perforación en el valle antinaco-los colorados y a la caída del 21,8% interanual en la venta de bebidas en los supermercados riojanos, puso de rodillas al cooperativismo y a los viñateros independientes. El síntoma más dramático es la situación de la Cámara Riojana de Productores Agropecuarios (CARPA), que acumula más de $300 millones en cheques rechazados sin fondos, mientras cientos de pequeños viticultores no cubren los costos de poda y sanidad.
  • Más de 1.100 kilómetros hasta el puerto y asfixia impositiva: El informe del IERAL subraya dos desventajas críticas que sufren las provincias del oeste argentino frente a Chile y Australia: la distancia a los puertos atlánticos (más de 1.000 kilómetros en camión desde Mendoza, San Juan o La Rioja, con un costo de flete que devora cualquier margen en los vinos económicos y a granel, agravado por el estado detonado de las rutas nacionales) y una economía cerrada sin tratados de libre comercio, lo que obliga al vino argentino a pagar aranceles de ingreso que sus competidores chilenos o australianos no abonan.
Desafío Estructural Vitivinícola (IERAL – Octubre 2026)Experiencia Internacional (Chile y Australia)Impacto Directo en La Rioja y el Oeste Argentino
1. Dólar bajo y costos internos altos en USDEntre 2002 y 2012 sufrieron apreciación cambiaria por el boom del cobre y la minería. Chile abrió nuevos mercados con tratados; Australia mecanizó y achicó capacidad.Pérdida de competitividad exportadora desde 2023. El ajuste recae sobre el precio de la uva (3 años en baja) y empuja al abandono de fincas en Chilecito y Nonogasta.
2. Caída mundial del consumo de vinoDesde mediados de los años 2010 baja la demanda global. Se volcaron a vinos más frescos, menor graduación, venta directa, marcas caras y reducción de hectáreas.Caída de volúmenes exportados y desplome del 21,8% en la venta de bebidas en supermercados de La Rioja. Crisis de escala y falta de crédito para bodegas pymes.
3. Fletes terrestres e impuestos localesViñedos chilenos y australianos están cerca de los puertos marítimos y operan con baja carga tributaria distorsiva y aranceles cero.Más de 1.100 km en camión hasta el puerto, sin acuerdos arancelarios y con 62 tributos y regímenes pymes (incluido el recargo del 25% en Ingresos Brutos en La Rioja).

Qué hicieron Chile y Australia y el espejo de Catena Zapata en Chañarmuyo

Para salir de la trampa sin destruir el tejido productivo de los valles cordilleranos, el estudio de la Fundación Mediterránea analiza cómo respondieron Chile y Australia cuando entre 2002 y 2012 el auge de las exportaciones mineras inundó de dólares sus economías y encareció sus costos locales, sumado luego al cambio de hábitos globales hacia bebidas más frescas y de menor graduación alcohólica:

  1. Más valor por litro, venta directa y enoturismo (el modelo Chañarmuyo): Ante la imposibilidad de competir por volumen con vinos baratos o en tetrabrik —donde el flete terrestre desde La Rioja o Mendoza se come la ganancia—, la receta de supervivencia para las bodegas pasa por concentrarse en vinos de alta gama, fortalecer marcas y desarrollar canales de venta directa al visitante a través del enoturismo. Es exactamente la jugada que acaba de concretarse en el departamento Famatina, donde la prestigiosa bodega Catena Zapata desembarcó con una fuerte inversión en el valle de Chañarmuyo tras estudios climatológicos de alta montaña, proyectando duplicar de 50 a 100 los turistas diarios de alto poder adquisitivo que compran vino en origen.
  2. Tecnología, riego eficiente y ajuste de escala: Mientras Australia apostó a la mecanización, automatización y reorganización empresarial reduciendo superficies improductivas, Chile invirtió en tecnología de riego y red comercial externa. Para las bodegas pymes riojanas y cuyanas, advierte el IERAL, la falta de escala y la ausencia de crédito accesible agravan el panorama.
  3. La tarea pendiente de los gobiernos (bajar impuestos y costos logísticos): El capítulo final de Jorge Day parece escrito a medida para los despachos de la Casa Rosada y de la Casa de las Tejas. Si el sector vitivinícola deberá convivir durante un largo período con un dólar relativamente bajo, la única forma de recuperar competitividad es bajar el “costo argentino” y el “costo provincial”: mejorar la infraestructura vial y logística hacia los puertos (como el demorado corredor bioceánico y las rutas nacionales hoy abandonadas), simplificar trámites y, fundamentalmente, reducir los impuestos, tasas y retenciones provinciales y municipales que hoy asfixian a las bodegas antes de descorchar la primera botella.

Descubre más desde Eduardo German

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Últimas noticias

Descubre más desde Eduardo German

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo