Con 8 de los 18 escaños en juego, el departamento más poblado concentra la estrategia del gobernador Quintela para asegurar su mayoría. Las elecciones podrían adelantarse a julio-agosto, evitando el temporal nacional y las tensiones internas.
La renovación del 50% de la Legislatura de La Rioja, que pondrá en disputa 18 bancas de 7 departamentos, tendrá en Capital su epicentro indiscutido. Este distrito, que elige a 8 diputados (44% del total a renovar), se transformó en el objetivo clave del oficialismo liderado por el gobernador Ricardo Quintela (Frente de Todos-PJ), quien evalúa adelantar las elecciones a julio o agosto de 2025 para blindar su poder antes de un año complejo.
La estrategia, filtrada desde el entorno gubernamental, apunta a aislar el impacto nacional y capitalizar la estructura territorial del peronismo en el área metropolitana. «Quien gane en Capital, controla la Legislatura», resumió un operador cercano a Quintela, recordando que el oficialismo hoy domina 32 de las 36 bancas, pero necesita retener al menos 14 de las 18 en juego para mantener holgura.
Por qué Capital es decisiva:
– Peso demográfico: Alberga al 60% de la población provincial, con un electorado urbano sensible a servicios públicos y empleo.
– Historial electoral: En 2021, el PJ arrasó con los votos aquí, pero la crisis podría erosionar su base.
– ¿Oposición unificada?: No se sabe si los sectores opositores harán una alianza para disputar los 8 escaños, apelando al voto joven y al malestar existente.
Los otros departamentos en juego son Felipe Varela (3 bancas), Rosario Vera Peñaloza (3), y los unicominales Sanagasta, Vinchina, Facundo Quiroga y Castro Barros (1 cada uno). Si bien el PJ domina en zonas del interior, la incógnita es si logrará contener el avance opositor en localidades como Villa Unión (Felipe Varela), donde crecen las críticas.
El calendario de alto riesgo:
– Si Quintela define elecciones para julio, la convocatoria deberá hacerse en abril.
– Un escenario en agosto permitiría estirar negociaciones hasta mayo, pero acercaría los comicios al invierno, cuando la actividad política suele ralentizarse.
El gobernador enfrenta un dilema: adelantar le daría ventaja logística (con máquinas estatales activas), pero también menos tiempo para sanar fracturas internas, como el conflicto con referentes díscolos de Capital que exigen más fondos. Para la oposición, en cambio, el apuro sería una señal de debilidad: «Si temen octubre, es porque saben que la gente los está dejando», disparó un dirigente opositor.
La jugada maestra de Quintela, sin embargo, podría ser desactivar la competencia: si mantiene sus 8 bancas en Capital y al menos 2 de los 6 restantes, blindaría su mayoría sin depender de aliados. Pero si la economía nacional mejora y la Capital se le vuelca en contra, el termómetro de julio o agosto podría marcar el principio del fin de su hegemonía.













