El procedimiento preventivo de crisis en la Cooperativa La Riojana, uno de los pilares económicos de la provincia, expone la fragilidad de un sector vitivinícola golpeado por la caída del consumo y la búsqueda de nuevos equilibrios. La negociación entre empresa, gremios y gobierno se extiende hasta el 10 de junio, en una carrera contra el tiempo para salvaguardar puestos de trabajo y la viabilidad de una marca histórica.
El murmullo de preocupación se transforma en un clamor en los viñedos y bodegas de La Riojana. La emblemática cooperativa, que da empleo directo a 260 personas y sostiene a alrededor de 2.000 trabajadores indirectos en fincas, inicia un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) ante la Secretaría de Trabajo de la Provincia. Esta herramienta legal, contemplada en la Ley de Empleo N° 24.013, permite a las empresas negociar con sindicatos y el gobierno antes de aplicar medidas drásticas como despidos o suspensiones masivas, buscando soluciones consensuadas frente a situaciones económicas complejas.
La Secretaria de Trabajo, Miriam Espinosa, confirma que las audiencias para abordar la situación se multiplican. La semana pasada, la cooperativa expuso sus propuestas ante el Sindicato de Obreros y Empleados Vitivinícolas Argentinos (SOEVA) y la Federación de Empleados Vitivinícolas. Sin embargo, la respuesta de los trabajadores resulta contundente: tras asambleas en Chilecito, rechazan categóricamente todas las alternativas presentadas que no implicaban un acuerdo mutuo, lo que indica una fuerte resistencia a recortes o condiciones impuestas.
El peso de la caída del consumo y el stock acumulado
La crisis de La Riojana no es un fenómeno aislado, sino un reflejo de la compleja situación que atraviesa el sector vitivinícola argentino en su conjunto. Expertos y referentes de la industria coinciden en señalar la drástica caída del consumo interno como uno de los principales factores. César Tanquía, secretario general de SOEVA, destaca que la cooperativa, a pesar de operar, sufre una marcada retracción en las ventas. Esta baja demanda se traduce en un stock acumulado de vino, que presiona las finanzas de las bodegas y dificulta el cumplimiento de sus obligaciones.
Si bien en abril, directivos de La Riojana desmentían rumores de quiebra, y aseguraban que los sueldos estaban al día, la realidad actual, según lo expresado por la Secretaria Espinosa, indica que el salario de abril se abonó con demora, recién el 19 de mayo. Matías Caimi, gerente de la cooperativa, admitía semanas atrás que ya «cuesta pagar los sueldos actuales», una señal inequívoca de la delicada situación financiera.
Un contexto sectorial adverso
La Rioja, como región vitivinícola, no escapa a las tendencias nacionales e incluso globales. En los últimos 15 años, el consumo mundial de vino cae un 7,5%, y lo que resulta más alarmante para el sector argentino, el consumo per cápita de vino en el país se reduce un 37% en el mismo período. Esta tendencia a la baja, sumada a la inflación y la recesión económica general, genera un escenario de alta complejidad para las empresas del rubro.
Si bien la provincia intenta anticipar los retos del futuro del vino, con iniciativas como el Foro COPE Desafíos 2025 y la solicitud al Ministerio de Agricultura para la continuidad de la medida de «cosecha en verde» (una ayuda para limitar la producción y equilibrar el mercado), la magnitud de la crisis de consumo parece superar las respuestas coyunturales. La sobreproducción y las dificultades en la comercialización se mantienen como desafíos estructurales.
La búsqueda de un consenso: el desafío del 10 de junio
Ante la postura de los trabajadores y la necesidad de la Cooperativa de reevaluar sus estrategias, se declara un nuevo cuarto intermedio hasta el 10 de junio. Esta fecha es crucial: en la sede de La Riojana, se sientan a la mesa nuevamente la empresa, el sindicato, la Secretaría de Trabajo y la Federación. La intención de la autoridad provincial es «acercar posturas más directamente con los trabajadores», reconociendo que el tiempo apremia y que la falta de un acuerdo podría desencadenar medidas unilaterales.
El temor a los retiros voluntarios no consensuados y a posibles despidos masivos sobrevuela las negociaciones. El procedimiento preventivo de crisis está diseñado precisamente para evitar estos escenarios, obligando a las partes a buscar soluciones que minimicen el impacto social y económico.
La Riojana, más allá de ser una empresa, es un símbolo de la provincia, un motor de desarrollo regional y una fuente de identidad. La resolución de esta crisis no solo determinará el futuro de cientos de familias, sino que también sentará un precedente para la estabilidad de un sector vital para la economía riojana. La cuenta regresiva hasta el 10 de junio comienza, y la esperanza es que de esa mesa de negociación surja una solución que garantice la continuidad y la estabilidad para una de las marcas más reconocidas de La Rioja.




