En un video que conmueve a los riojanos, la hija de la dueña de un restaurante en Pinchas acusa al gobierno provincial de no renovarle el contrato a su madre. La joven asegura que la decisión es un castigo político, y que en «esta tierra tener convicciones cuesta caro y que pensar distinto tiene precio».
Un nuevo escándalo político irrumpe en la escena riojana, esta vez no desde los despachos del poder, sino desde las redes sociales. La reconocida tiktoker «Assay» publicó un video que se volvió viral, en el que denuncia la «persecución política» contra su madre, dueña de un restaurante en la localidad de Pinchas, en Castro Barros. La historia, que conmueve por su tono personal y emocional, se ha convertido en una potente herramienta política de la oposición.
El relato de la joven es la historia de un emprendimiento familiar que fue castigado por la disidencia. La madre, Laura Campos, dueña del comedor «Bendito Pueblo», tenía un contrato de concesión por cuatro años que no le fue renovado. Según la hija, la razón es que su madre no comparte las ideas del gobierno provincial.
«Curiosamente hay más de 10 clubes esperando reformas en la provincia desde hace años, pero justo eligieron este, justo ahora», señala en el video, insinuando que la decisión no es una cuestión de gestión, sino de política.
El video, lejos de ser un simple lamento, es un manifiesto de resistencia. La joven, con un tono firme y emotivo, lanza una de las frases más contundentes que se escucharon en la política riojana en mucho tiempo: «Pareciera que en esta tierra tener convicciones cuesta caro y que pensar distinto tiene precio». Con esta frase, la tiktoker resume la frustración de un electorado que se siente asfixiado por un sistema que, según ella, castiga a quienes no se alinean con el oficialismo.
El video, que muestra imágenes del restaurante familiar, de la cocina regional casera que preparan, y de las personas que encuentran en ese lugar «un almuerzo calentito», es un contraste perfecto con el discurso del justicialismo. La madre, Laura Campos, se presenta como una mujer trabajadora, que se negó a «arrodillarse» ante el poder, mientras que el gobierno es retratado como una fuerza que utiliza su autoridad para castigar la disidencia. La historia, que se cuenta desde la voz de una joven que no es parte de la política tradicional, tiene una fuerza que pocos discursos políticos pueden igualar. El video se ha convertido en un símbolo del hartazgo con un sistema que, en su ocaso, demuestra que su principal miedo es la disidencia.







