La política riojana se encuentra en un momento de alta tensión, donde las viejas lógicas del poder se enfrentan a una crisis sin precedentes y a una oposición que se articula con la mira en 2027. El justicialismo, que monopolizó el poder por más de cuatro décadas, vive una profunda disyuntiva, tanto en su interno como en su relación con la Nación.
La crisis de un modelo y la desesperación por el poder
El justicialismo riojano se enfrenta al fin de una era de fondos frescos que, durante los gobiernos de Carlos Menem, Néstor Kirchner y Alberto Fernández, financiaron una provincia totalmente dependiente del Estado.
Hoy, sin esos recursos, la gestión padece su propia ineficiencia y un manejo de fondos que se vuelve escandaloso. La Nación, por ejemplo, se prepara para demandar a la gobernación por el desvío de al menos 15 millones de dólares de un fideicomiso para un parque solar que nunca se construyó. El escándalo se agrava al saber que esos fondos pertenecen a los jubilados.
A esta crisis financiera se suman acusaciones políticas de alto impacto.
Un dirigente de La Libertad Avanza, Diego Molina Gómez, denunció un presunto plan secreto del gobernador Ricardo Quintela para lograr una «nueva re re» de cara a la gobernación de 2027. El objetivo sería utilizar un candidato para forzar un precedente legal que, de concretarse, le permitiría postularse nuevamente.
La denuncia sostiene que, si la Corte Suprema lo frena, el plan B de Quintela sería imponer a su exesposa, Gabriela Pedrali, como candidata. El móvil detrás de esta maniobra, según la denuncia, sería ganar tiempo para que prescriban las rendiciones de cuentas pendientes en el Tribunal de Cuentas provincial.
La disputa interna y la avanzada de la oposición
La lucha por la sucesión de Quintela es feroz. La postulación de Gabriela Pedrali como diputada nacional, una «decisión personal» del gobernador, se percibe como el primer paso de un estrategia para emular el «modelo Zamora» de Santiago del Estero. Este movimiento choca de frente con las aspiraciones de dirigentes como la vicegobernadora Teresita Madera y la senadora Florencia López, lo que genera un «silencio» de malestar en el peronismo. La secretaria de Comunicaciones, Luz Santangelo Carrizo, también pide un lugar en las listas, utilizando la lealtad como principal argumento.
Mientras tanto, la oposición se articula con una estrategia de largo plazo. Martín Menem, con el respaldo del análisis de Jorge Asís que lo describe como un «fenómeno cultural del peronismo», consolida una alianza con el PRO y avanza en las negociaciones con la UCR.
El plan es armar un frente unificado para las elecciones legislativas de 2025, con la mira puesta en la gobernación de 2027. La LLA, con un candidato como el joven empresario Gino Visconti, busca llevar a la agenda «debates profundos» y salir de la «mediocridad».
Por su parte, el ex vicegobernador Néstor Bosetti oficializa una «tercera vía» que se declara «fuera de los extremos», ni con el kirchnerismo ni con Milei.
La campaña, de este modo, se libra en un escenario de total incertidumbre.
La realidad social se filtra en la política de maneras inesperadas. La dueña de un restaurante en Pinchas, Laura Campos, denunció en un video viral que la dejaron sin trabajo por «rosca política» y por «pensar distinto», un relato que se convierte en un símbolo del hartazgo.
A su vez, la CGT también salió a la calle con carteles, exigiendo lugares en la boleta oficial del PJ, lo que demuestra que la batalla por el poder se libra en todos los frentes. En La Rioja, la política no solo se pelea en las urnas, sino en la calle, en los despachos y en los tribunales, en una lucha por la supervivencia de un modelo que parece tener los días contados.