Liderada por el ex concejal Héctor Herrera y el ex titular del INADI Martín Illanes, una nueva lista justicialista se presenta en las elecciones de octubre. El «Frente Alternativa Peronista» se postula en distritos clave, lo que genera una fuerte preocupación en el oficialismo por el riesgo de una división del voto.
En un contexto político de alta tensión y polarización, una nueva grieta se abre en el justicialismo riojano, generando una fuerte «preocupación» en la cúpula del partido. Un nuevo sector, autodenominado «Frente Alternativa Peronista», se presenta con candidatos a diputados provinciales en las elecciones de octubre. Esta lista se suma a la que integran Teresita Luna e Ismael Bordagaray, lo que evidencia la profunda división que afecta al oficialismo.
La nueva lista está encabezada por dos figuras que tienen una trayectoria en el justicialismo: el ex concejal capitalino Héctor Herrera y el ex titular del INADI Martín Illanes. Su postulación no es casual. Se presentan como una «alternativa» al peronismo oficial, lo que sugiere que buscan captar el voto de un sector de la militancia que, aunque justicialista, se encuentra descontento con la actual conducción.
La estrategia del «Frente Alternativa Peronista» es una amenaza real para el justicialismo oficial. El hecho de que se presenten en distritos clave como Capital, Sanagasta, Chepes, Villa Unión y Vinchina es un claro indicio de su ambición de poder. Estos departamentos son cruciales para el caudal de votos del oficialismo, y una división del voto peronista en esas zonas podría abrirle la puerta a la oposición.
La «preocupación» en el justicialismo se justifica. En un año electoral donde se enfrentan a una oposición unificada de La Libertad Avanza, el PRO y la UCR, una división del voto peronista podría ser fatal. El partido necesita la máxima cohesión para ganar, y la aparición de una lista alternativa de «peronistas disidentes» podría ser el factor que rompa el balance y termine con la hegemonía del partido en la provincia. El justicialismo se enfrenta a un desafío doble: por un lado, luchar contra sus adversarios; por otro, luchar por mantener unido a su propio electorado.