En el justicialismo, se habla de una fuerte interna por el armado de las listas de diputados, que se presenta como un «capricho» del gobernador. El peronismo busca posicionar a sus propios referentes, en un intento de frenar la ambición de un «va por todo» que se percibe en la Casa de Gobierno.
En el complejo ajedrez de la política riojana, la conformación de las listas para las elecciones legislativas de octubre se ha convertido en una verdadera contienda interna que amenaza con fracturar al justicialismo. En el centro de la disputa, se encuentra el gobernador Ricardo Quintela, cuya decisión de impulsar la reelección de su esposa, Gabriela Pedrali, es vista por un sector del partido como un «capricho» que desató un revuelo interno.
La percepción en el justicialismo es que Quintela «va por todo», una ambición que ya había planteado en su momento el ex diputado Elio Díaz Moreno. Por eso, para frenar la estrategia del gobernador de consolidar el poder en su círculo íntimo, el peronismo discute la posibilidad de poner en las listas a sus propios referentes. Se habla de lanzar a Juan Carlos Santander, actual diputado provincial, como candidato a diputado nacional. Y en la Capital, se busca posicionar al propio Elio Díaz Moreno para un cargo de diputado provincial.
Estos movimientos son un claro indicio de la profunda división que existe en el justicialismo. La «decisión personal» de Quintela de que Pedrali vaya a la reelección choca de frente con la voluntad de un sector del partido que busca tener representación propia. La pugna por los lugares en las listas no es solo una cuestión de cargos, sino una batalla por el control del partido y del futuro político de La Rioja. El peronismo, que se consume en sus propias disputas, se enfrenta al dilema de tener que presentar una lista unificada en un año electoral donde la oposición avanza con una estrategia de alianzas.







