El candidato a diputado nacional de La Libertad Avanza sufrió una campaña de desprestigio que le jugó en contra al oficialismo, que ahora enfrenta una batalla en dos frentes y con la boleta única como un dolor de cabeza.
La política en La Rioja exhibe una paradoja de manual: una campaña de desprestigio que, en lugar de hundir a un candidato, lo instaló. El “quintelismo” lanzó una “feroz campaña” contra Gino Visconti, el candidato de La Libertad Avanza, que se basó en su “emprendimiento gastronómico”. Sin embargo, el esfuerzo no solo no dio resultados —ya que quienes lo hicieron «tienen cero credibilidad»— sino que tuvo el efecto contrario. Visconti se instaló en la agenda pública y hoy está “bien marcado en la sociedad que está en la vereda del frente de Gabriela Pedrali”.
El peronismo, al atacar a Visconti, le dio la notoriedad que necesitaba para posicionarse como el principal rival. Ahora, el oficialismo enfrenta un complejo escenario en dos frentes. Por un lado, las encuestas coinciden en que el peronismo deberá trabajar “mucho en los departamentos capital y chilecito”, los principales bastiones de la oposición. Por el otro, el problema es interno: el “quintelismo” debe “lidiar que no haya traiciones en otros departamentos”, un claro síntoma de las fisuras que genera el “post-quintelismo”.
A este panorama se suma la dificultad de la boleta única de papel, un “dolor de cabeza” para el oficialismo. La nueva modalidad de votación, que rompe con la práctica de la “boleta sábana”, le juega en contra al peronismo que sale con el sello de “Federales”, mientras que La Libertad Avanza se presenta con su nombre y su distintivo color violeta. La campaña que buscó desdibujar a Visconti terminó por consolidarlo, y ahora el peronismo debe enfrentar a un rival fortalecido en un contexto electoral que le es adverso.







