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La Rioja: el siglo de la curiosidad inagotable del historiador Félix Luna

Por Eduardo Nelson German · 25 de septiembre de 2025 · 08:29

Con «Todo es Historia», el periodista y autor riojano hizo del pasado un universo atractivo y masivo fuera de la academia. El 30 de septiembre se cumplen 100 años de su nacimiento.


Félix Luna es, sin duda, el historiador más leído de Argentina. No fue un “divulgador” en el sentido mediocre y elitista de la palabra. Fue, ante todo, un historiador con una singular capacidad para comunicar. Este 30 de septiembre, a un siglo exacto de su nacimiento en la provincia de La Rioja, su legado se erige como un puente entre la erudición y el gran público.

Su curiosidad inagotable, que lo llevó a bucear en la historia de su propia familia y de su provincia natal, fue la chispa que encendió una trayectoria sin precedentes. Libre de ataduras escolásticas, Luna hizo de la historia un campo abierto, accesible a todos, sin pretender la aprobación de la corporación de historiadores, que finalmente se la concedió al reconocer que, si hay calidad, «todo es buena historia».

El nacimiento de un hito: Todo es Historia

El punto de inflexión en su carrera fue la fundación de la revista Todo es Historia en 1967, una publicación que hoy, a casi 60 años de su creación, se mantiene viva, adaptada al formato digital. Desde el principio, Luna aplicó su experiencia periodística y su olfato literario para corregir y reescribir casi todos los artículos, con la consigna de que cada texto fuera un aporte original.

La revista se convirtió en un imán para historiadores de oficio y aficionados por igual, a quienes Luna alentó y ayudó. El objetivo era simple: entretener e interesar al lector para que el conocimiento fuera bien recibido y comprendido. Las ventas sostenidas demostraron que se había formado un público fiel, un nicho sólido que incluía a docentes que encontraron en sus páginas una forma de mejorar y amenizar sus clases.

Más allá de la revista: el historiador, el poeta y el etnógrafo

Pero Félix Luna fue mucho más que el fundador de una revista. Fue un apasionado etnógrafo aficionado que, mientras el cuerpo se lo permitió, recorrió a caballo el país para empaparse de su radical diversidad. Este contacto con la geografía humana de Argentina se convertiría en una de sus obsesiones: la difícil construcción de una nación integrada.

Su formación, que él mismo describió como autodidacta, se nutrió de lecturas voraces y variadas. En su libro de memorias Encuentros, reveló que la poesía y la música fueron tan esenciales como la historia. Con el compositor Ariel Ramírez, creó obras perdurables, como la Misa Criolla, cuyos versos, según confesó, le brotaban de lugares inesperados.

En obras como El 45, se animó a incursionar en la historia reciente, algo poco habitual en su época, con la ecuanimidad que caracterizó toda su obra. Su premisa era clara: la Nación se construye entre todos, y los «buenos» y los «malos» suman por igual.

La vida de Félix Luna, el riojano que unió la curiosidad de un poeta con el rigor de un historiador, es la prueba de que el pasado no es un archivo polvoriento, sino un manantial inagotable de historias que, bien contadas, pueden cautivar a generaciones.