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La Rioja, en el fondo de la tabla: los estatales cobran menos de la mitad de lo que necesita una familia para no ser pobre

Mientras el promedio salarial en las provincias de la zona centro duplica los ingresos riojanos, el «modelo de los 42 años» genera un fenómeno alarmante: trabajadores en blanco que son estadísticamente pobres. La brecha con la Canasta Básica se ensancha mes a mes.


La cifra de 350 dólares mensuales que percibe un empleado público promedio en La Rioja no es solo un dato estadístico bajo; es la confirmación de una crisis estructural. Al contrastar este ingreso con los datos del INDEC y las mediciones privadas de consumo, la realidad golpea con fuerza: el sueldo estatal riojano cubre apenas el 40% de una Canasta Básica Total.

En la Argentina de hoy, una familia tipo (dos adultos y dos menores) necesita ingresos superiores a los 850 dólares (al tipo de cambio libre) para no caer bajo la línea de la pobreza. Con un ingreso de bolsillo de 350 dólares, el empleado público riojano —el motor numérico de la economía provincial— está condenado a vivir en la pobreza o a depender de la asistencia social complementaria para subsistir.

«Fábrica de pobres» con recibo de sueldo

La comparación con el resto del país deja expuesta la fragilidad del sistema local. Mientras provincias de la zona centro como Córdoba, Santa Fe o incluso Mendoza muestran promedios salariales en la administración pública que intentan seguir el ritmo de la inflación (rondando los 600 a 700 dólares según el escalafón), La Rioja ha quedado rezagada, consolidándose como uno de los distritos con los sueldos más bajos del país.

«No es un problema de recursos, es un problema de diseño político», advierten desde la oposición local. El argumento es que, al convertir al Estado en el único empleador masivo durante más de cuatro décadas de gestión justicialista, se ha atomizado el presupuesto: hay muchos empleados cobrando muy poco, en lugar de un sector privado pujante que traccione los salarios hacia arriba.

El básico de la indigencia

El dato que más preocupa a los especialistas previsionales es la composición del haber. Como se mencionó anteriormente, el básico es de 133 dólares. Esto ubica al componente «en blanco» y remunerativo del salario peligrosamente cerca de la línea de indigencia.

Esto tiene un efecto devastador en la comparación federal:

  • Un jubilado provincial de La Rioja se retira con haberes que son significativamente inferiores a los de un jubilado de la Región Centro.
  • La capacidad de compra en supermercados de un riojano es un 50% menor a la de un habitante promedio de la Ciudad de Buenos Aires.

Un modelo sin salida al sector privado

La ecuación cierra con un dato del mercado laboral que explica por qué no hay rebelión ante estos salarios de miseria: no hay a dónde ir. «La Rioja tiene una de las tasas más bajas de empleo privado registrado por habitante de toda la Argentina», señalan los informes económicos.

Sin empresas que compitan por la mano de obra, el Estado fija el precio del trabajo a la baja. Tras 42 años del mismo signo político, el resultado es una provincia donde tener trabajo ya no garantiza llegar a fin de mes, y donde la compra de bienes durables (autos, casas) ha desaparecido del horizonte de expectativas de la clase media trabajadora.


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