El intendente y la vicegobernadora lanzaron un plan de shock para reacondicionar los edificios escolares de la Capital. Ante la crisis financiera y el riesgo de conflictividad en marzo, el oficialismo busca evitar problemas de infraestructura y muestra gestión en el territorio: “Vamos a recuperar las escuelas”.
Con el calendario de marzo acechando y la incertidumbre salarial como telón de fondo, la cúpula política de La Rioja decidió no dejar flancos abiertos en el frente educativo. En una demostración de unidad y despliegue territorial, el intendente Armando Molina y la vicegobernadora Teresita Madera activaron un operativo conjunto de mantenimiento escolar con un objetivo político innegociable: asegurar que las clases comiencen sin excusas edilicias.
La movida busca anticiparse a un escenario de alta tensión social. Mientras el gobernador Ricardo Quintela define el ajuste de su gabinete, sus dos alfiles territoriales bajaron a las instituciones para mostrar un Estado activo que suple con presencia la falta de recursos nacionales para obra pública.
Recuperar el territorio desde las aulas
Armando Molina, quien se perfila para asumir un rol central en la nueva etapa del gobierno provincial, definió la tarea como una prioridad de gestión municipal, excediendo sus competencias habituales para auxiliar al sistema educativo. “Trabajamos para garantizar el inicio de clases”, sentenció el jefe comunal, poniéndole el cuerpo a la logística.
El intendente planteó una estrategia de intervención directa: “En equipo vamos a recuperar y reacondicionar las escuelas de nuestra ciudad para su vuelta a clases”. El mensaje es claro: ante el deterioro y el vandalismo que sufren los edificios durante el receso, el municipio aportará cuadrillas y maquinaria para poner las escuelas en condiciones operativas.
Presencia política y contención
Por su parte, Teresita Madera complementó la visión técnica con el abordaje político y social. La Vicegobernadora supervisó las tareas en la emblemática Escuela de Comercio N° 2, donde se reunió con directivos y docentes para relevar las necesidades urgentes. “Estuvimos trabajando junto a equipos educativos para avanzar en la puesta a punto de las escuelas”, reportó.
Para el oficialismo, el inicio del ciclo lectivo es la primera gran prueba de fuego del año. Madera subrayó que la estrategia va más allá de pintar paredes: se trata de contener a una sociedad golpeada por la crisis. “Acompañar a la comunidad educativa y a las familias es central: estar presentes, escuchar y trabajar juntos”, definió.
El objetivo final del binomio
Molina-Madera es desactivar cualquier foco de conflicto que no sea estrictamente salarial. Buscan garantizar que, al menos desde la infraestructura, el regreso a las aulas sea “cuidado, ordenado y con las escuelas en condiciones”, enviando una señal de previsibilidad en un verano marcado por la incertidumbre política.




