El proyecto cuprífero más grande del país ya construye el Corredor Norte para dejar de circular por las rutas riojanas. Preocupación por el futuro de Guandacol y el fin del flujo logístico por la Ruta 40.
Mientras en las oficinas porteñas se celebran las inversiones de BHP y Lundin Mining, en el oeste de La Rioja el clima es de incertidumbre. El megaproyecto Vicuña, que hoy respira y se abastece a través de suelo riojano, ha iniciado la cuenta regresiva para desconectarse de la provincia. La construcción del Corredor Norte no es solo una obra vial; es un bypass estratégico que dejará a la logística de Guandacol fuera del mapa minero de alta montaña.
El fin de la dependencia de la Ruta 40
Hoy, el corazón de la logística minera late en Guandacol. La localidad de 2.500 habitantes es la última frontera civilizada antes de encarar las 8 horas de ripio hacia el campamento Batidero. Sin embargo, el consorcio Vicuña Corp ya adjudicó a la UTE Terusi-Semisa los tramos clave de una nueva ruta que unirá directamente el proyecto con Jáchal e Iglesia en San Juan.
El objetivo de la empresa: «Acortar el acceso al proyecto por San Juan sin tener que pasar por La Rioja».
La realidad actual: Decenas de camionetas 4×4, camiones de caudales y transporte de personal atraviesan diariamente los badenes de la Ruta 40 riojana, generando un consumo local que hoy sostiene a hoteles y comedores de la zona.
El riesgo local: Con la inauguración de los tramos A al F del Corredor Norte, Guandacol pasará de ser un nodo logístico vital a quedar relegado a una vía secundaria.
La Paiva: ¿Un puente que se rompe?
En Guandacol, la empresa administra La Paiva, una de sus tres casas de relacionamiento comunitario. Allí, el programa «Mujeres en Red» y las ferias de emprendedoras han sido un bálsamo para una economía local que depende en un 90% del Estado, como advertía recientemente el empresario Néstor Bosetti.
Sin embargo, los vecinos ya plantean la gran duda: ¿qué pasará con el empleo cuando los camiones dejen de pasar? «El principal reclamo coincide con la principal consulta: la falta y oferta de empleo», reconocen desde Vicuña. Si bien la empresa mantiene programas educativos y sanitarios (como el mapeo 3D de Angualasto y vacunación de ganado), la desconexión física de la ruta plantea un desafío para la sostenibilidad del vínculo.
La Rioja: ¿Espectadora o socia?
El proyecto Vicuña es un gigante de u$s15.000 millones que hoy utiliza los recursos hídricos y geológicos de la cuenca compartida. Los estudios de impacto ambiental y el monitoreo de las crioformas (glaciares de escombros) afectan a toda la región.
A diferencia de San Juan, que se prepara para recibir regalías multimillonarias y una línea eléctrica de 500 kV, La Rioja enfrenta el riesgo de quedar como una «zona de paso» que está a punto de ser salteada. La modernización que pide el sector privado riojano choca con un proyecto que, para ganar eficiencia, ha decidido construir su propio camino lejos de las rutas provinciales.












































