En el aniversario de la muerte de Carlos Menem, Victoria Villarruel y Emilio Pérsico ocuparon el centro de la escena en La Rioja; la Vicepresidenta buscó proximidad con el «peronismo de orden» mientras el líder social relanzó su estructura territorial.
LA RIOJA.— La política argentina suele ofrecer postales de contrastes imposibles que solo el pragmatismo territorial logra amalgamar. Este 14 de febrero, al cumplirse cinco años del fallecimiento de Carlos Saúl Menem, la provincia se convirtió en el laboratorio de dos estrategias nacionales antagónicas: la consolidación de un perfil federal y autónomo por parte de la vicepresidenta Victoria Villarruel, y el rearmado de las bases sociales que encabeza Emilio Pérsico.
Villarruel: entre la liturgia y la «tercera vía»
La llegada de la Vicepresidenta no fue un acto protocolar más. En un gesto que marca distancias con la intransigencia discursiva de la Casa Rosada, Villarruel eligió el aniversario del caudillo riojano para profundizar su propia agenda. «En Buenos Aires los tenemos presentes, me siento una riojana más», afirmó, en un mensaje que buscó perforar la barrera del centralismo.
Su actividad tuvo un fuerte componente simbólico y religioso:
- Encuentro con el clero: Visitó la Catedral junto al obispo Dante Braida, donde abordaron temas sensibles como la pobreza y la ludopatía, distanciándose del enfoque puramente economicista del Ejecutivo nacional.
- Guiño al peronismo: En un clima de distensión, se mostró junto al gobernador Ricardo Quintela, uno de los opositores más férreos a Javier Milei. La frase que sobrevoló los despachos —»Mi vice será un peronista»— resonó como un mensaje cifrado hacia la interna oficialista y un puente hacia el «peronismo de orden» que reivindica la figura de Menem.
Pérsico y el «nuevo federalismo» social
A pocos kilómetros, en el microclima de Sanagasta, la realidad era otra. Emilio Pérsico, titular del Movimiento Evita, eligió el mismo suelo para relanzar una agenda de «autonomía regional». Mientras Villarruel recorría el patrimonio religioso de la capital, Pérsico encabezaba un debate con referentes de diez provincias, buscando devolverle protagonismo a la economía popular frente al ajuste.
El líder social encontró en el oficialismo local un aliado estratégico. Bajo la consigna de que «el federalismo no es discurso, es acción», Pérsico intentó reconstruir el tejido de las organizaciones sociales en el Norte Grande. Su presencia marcó el límite de la cortesía institucional de Quintela: mientras el Gobernador le abría las puertas de la Casa de Gobierno a la Vicepresidenta, le prestaba el territorio de Sanagasta a Pérsico para organizar la resistencia social.
El factor Menem como amalgama
La figura de Carlos Menem operó como el único punto de contacto invisible entre dos mundos que no se cruzaron. Para Villarruel, Menem representa la audacia del poder y el respeto por las instituciones tradicionales; para Pérsico y el peronismo local, es la raíz de una identidad riojana que se siente agredida por las políticas actuales.
La jornada dejó una certeza: en La Rioja, la política nacional no se lee en términos de blanco o negro. La convivencia —en tiempo y espacio— de la Vicepresidenta y el líder del Movimiento Evita expuso la fragilidad de las alianzas actuales y la vigencia de una provincia que, cinco años después de perder a su máximo referente, sigue siendo el tablero donde se ensayan las próximas grandes ligas del poder argentino.







