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La Rioja recibe cada trimestre más pesos y menos poder real: el análisis de cinco períodos consecutivos muestra cómo la provincia cayó desde la recuperación de 2025 hasta el segundo peor trimestre en ocho años

El cruce de los datos de transferencias automáticas de Politikon Chaco con los registros del INDEC expone un ciclo completo de deterioro fiscal que La Rioja transitó entre el primer trimestre de 2025 y el primero de 2026: los montos nominales crecieron un 23,2%, pero el poder real de esos fondos cayó un 7,1%. El resultado final de ese trayecto es la provincia con mayor pobreza del Noroeste, en default desde 2024, y con los ingresos laborales más bajos de su región.

En política fiscal provincial, los titulares suelen capturar el número del mes: cuánto llegó, cuánto más o menos que el año anterior. Pero la dinámica real de las finanzas de La Rioja no se entiende mirando un mes aislado. Se entiende mirando la curva completa de cinco trimestres consecutivos que va desde enero de 2025 hasta marzo de 2026, un período en el que la provincia recibió cada vez más pesos, perdió poder adquisitivo real de forma sostenida desde el tercer trimestre de 2025, y llegó al primer trimestre de 2026 con el segundo peor desempeño de transferencias automáticas desde 2018, mientras sus indicadores sociales se deterioraban en contramano del resto del país.

Los datos provienen del informe mensual de la consultora Politikon Chaco, elaborado con información de la Dirección Nacional de Asociaciones Provinciales (DNAP), y de los registros de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC correspondientes al segundo semestre de 2025. La combinación de ambas fuentes permite reconstruir, por primera vez con precisión trimestral, el mecanismo por el cual una provincia que recibe más del doble del promedio nacional en transferencias per cápita terminó siendo la única jurisdicción del país que empeoró su tasa de pobreza cuando el resto mejoraba.

El primer trimestre de 2025: el piso que engañó

El punto de partida del ciclo fue el primer trimestre de 2025. La Rioja acumuló $254.252 millones en transferencias automáticas entre enero y marzo, beneficiándose de la misma ventaja estadística que impulsó al conjunto de provincias: la comparación contra el primer trimestre de 2024, cuando el shock devaluatorio inicial del gobierno de Javier Milei había devastado el poder adquisitivo de los fondos provinciales. Las variaciones reales interanuales nacionales de esos meses fueron espectaculares —+12,4% en enero, +19,8% en febrero y +15,3% en marzo— pero respondían en gran medida a esa base de comparación extraordinariamente baja, no a una genuina expansión de la recaudación.

En La Rioja, esa mejora nominal coincidió con el inicio de una recuperación parcial de la pobreza: el aglomerado riojano bajó del 46,0% de personas pobres registrado en el segundo semestre de 2024 al 32,4% en el primer semestre de 2025. Esa mejora fue real pero frágil, porque dependía de dos condiciones que no se sostuvieron: la ventaja estadística de la comparación interanual y el crecimiento de los ingresos familiares a un ritmo superior al de las canastas básicas regionales.

El segundo y tercer trimestre de 2025: el techo que nadie vio

Los meses centrales de 2025 representaron el pico del ciclo. Las transferencias nacionales oscilaron entre $5,05 y $5,57 billones mensuales, y para La Rioja eso implicó ingresos estimados en torno a los $295.000 y $310.000 millones por trimestre, los más altos de su historia nominal reciente. Sin embargo, las variaciones reales interanuales empezaban a deteriorarse: septiembre de 2025 registró una caída real del -10,2% para el consolidado nacional. La Rioja, cuya participación en el total distribuido ronda el 1,93%, no fue ajena a esa tendencia.

Ese fue el trimestre en que se sembraron las condiciones del deterioro social que el INDEC mediría meses después. El ingreso del estrato bajo —los cuatro deciles más vulnerables del aglomerado riojano— comenzó a crecer a un ritmo inferior al de las canastas básicas regionales. Mientras los promedios generales de ingresos mejoraban, el dinero no llegaba a quienes más lo necesitaban. El pico nominal de transferencias del tercer trimestre de 2025 no se tradujo en mejora de las condiciones de vida de los hogares más pobres de La Rioja.

El cuarto trimestre de 2025: la señal que los números sociales confirmaron

El cuarto trimestre de 2025 cerró con transferencias nacionales que ya mostraban una dinámica negativa sostenida: octubre registró apenas +1,0% real interanual, noviembre -5,5% y diciembre +2,9%. Para La Rioja, ese período implicó ingresos nominales estimados en torno a los $320.000 millones —históricamente altos en términos absolutos— pero con una pérdida de poder adquisitivo que se aceleraba mes a mes.

Fue precisamente en ese trimestre cuando el INDEC capturó el dato más perturbador de la serie. El segundo semestre de 2025 —que incluye los meses de julio a diciembre, es decir el tercer y cuarto trimestre del año— mostró que La Rioja fue la única provincia del país que empeoró su tasa de pobreza cuando el resto mejoraba: pasó del 32,4% al 36,7%, un retroceso de 4,3 puntos porcentuales en contramano de una caída nacional de 3,4 puntos. El mecanismo fue preciso y documentado: el ingreso total familiar del estrato bajo creció apenas un 4,0% entre semestres, mientras las canastas básicas de la región Noroeste actualizaron un 12,1%. La diferencia la pagaron los más pobres de La Rioja.

El primer trimestre de 2026: la consolidación del deterioro

El primer trimestre de 2026 clausuró el ciclo con su capítulo más preocupante. La Rioja acumuló $313.189 millones nominales entre enero y marzo, un 23,2% más que en el mismo período del año anterior. Pero en términos reales, con una inflación acumulada que erosionó ese incremento, la variación fue de -7,1%: la provincia recibió el equivalente a siete centavos menos por cada peso constante respecto al primer trimestre de 2025.

Solo en marzo de 2026, los $96.905 millones recibidos representaron una caída real del -5,2% interanual y una retracción mensual adicional del -9,5% respecto a febrero. El dato sitúa al primer trimestre de 2026 como el segundo peor desde 2018 para el conjunto de provincias, superado en negatividad únicamente por el primer trimestre de 2024. Para La Rioja en particular, ese resultado ubica a la provincia en el décimo séptimo lugar entre 24 jurisdicciones en el ranking de desempeño acumulado trimestral, por detrás de Salta (-2,8%), Buenos Aires (-5,0%), Catamarca (-5,5%) y varias otras que resistieron mejor la tendencia.

La paradoja del per cápita más alto con la pobreza más alta

La lectura trimestral completa expone una paradoja que el debate político riojano evita sistemáticamente. En el primer trimestre de 2026, La Rioja recibió $776.034 por habitante en transferencias automáticas acumuladas, más del doble del promedio nacional de $352.301 y muy por encima de jurisdicciones como Buenos Aires ($217.661), Córdoba ($340.817) o Santa Fe ($376.186). En marzo puntualmente, el per cápita riojano fue de $240.115 frente a una media nacional de $108.885.

Esa diferencia no es un privilegio político ni el resultado de una negociación favorable: es la consecuencia aritmética del coeficiente de distribución secundaria que la Ley 23.548 de 1988 asignó a las provincias más pequeñas y menos pobladas. La Rioja tiene poco más de 400.000 habitantes y recibe una porción fija del total distribuido que, dividida por esa población pequeña, arroja un per cápita nominalmente alto. El problema es que esa misma estructura hace que cada caída real en el total nacional golpee con mayor intensidad relativa: no hay masa de actividad privada que amortigüe el impacto.

El resultado de ese ciclo de cinco trimestres es un cuadro fiscal y social que los números describen con precisión: $313.189 millones acumulados en el primer trimestre de 2026, una caída real del 7,1%, la pobreza más alta del Noroeste, los salarios laborales más bajos de la región —$574.048 de ingreso medio de ocupación principal en el segundo semestre de 2025, frente a $761.525 en Tucumán o $786.202 en Salta—, y una deuda provincial sin reestructurar desde 2024.

El patrón y su advertencia

La curva de cinco trimestres que describe la trayectoria de La Rioja tiene la forma de una parábola cuyo vértice se alcanzó entre el segundo y tercer trimestre de 2025 y cuyo descenso posterior aún no encontró piso. Los fondos nominales seguirán creciendo mientras la inflación continúe, pero la capacidad real de esos fondos para sostener el gasto público provincial —y a través de él, la actividad económica de una provincia donde el Estado es prácticamente el único empleador significativo— se erosiona trimestre a trimestre.

La advertencia que emerge del análisis no es nueva, pero la precisión trimestral la vuelve más difícil de ignorar: en La Rioja, el Estado provincial no es solo el gobierno. Es la economía. Y cuando los recursos reales que financian ese Estado caen durante tres trimestres consecutivos mientras las canastas básicas suben, el resultado no aparece primero en los balances fiscales. Aparece en los hogares del estrato bajo. El INDEC ya lo midió. Los datos de coparticipación del primer trimestre de 2026 sugieren que el segundo semestre de 2026 podría medir algo peor.

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