Mientras el gobierno libertario paraliza la obra pública en todo el país, La Rioja avanza con recursos provinciales en una Escuela Técnico Profesional de programación y electrónica que lleva el 74% de ejecución. El gobernador convirtió la recorrida en un acto político: la escuela que Buenos Aires abandonó, la termina la provincia.
El gobernador Ricardo Quintela eligió esta semana una obra en el barrio Los Obreros de la capital para lanzar un mensaje que va más allá de los ladrillos y el hormigón. La nueva Escuela Técnico Profesional orientada a programación y electrónica —que alcanzó el 74% de avance y se proyecta inaugurar antes de fin de año— es, en la narrativa del peronismo riojano, la demostración más concreta de lo que la provincia puede hacer sola cuando la Nación cierra el grifo.
«Esta obra comenzó en nuestra primera gestión con financiamiento nacional, pero ante el desfinanciamiento de la obra pública, asumimos el compromiso de finalizarla con fondos propios», escribió Quintela en sus redes sociales tras la visita. La frase sintetiza con precisión la estrategia de diferenciación que el gobierno provincial viene construyendo frente a la administración de Javier Milei: La Rioja invierte, la Nación abandona.
El recorte nacional como punto de partida del relato
La historia de esta obra es, antes que nada, una historia sobre el desfinanciamiento. El proyecto fue iniciado durante la primera gestión de Quintela con fondos del gobierno nacional, en el marco de los programas de infraestructura educativa que el Estado federal sostuvo durante años. Cuando la administración Milei interrumpió esos flujos como parte del ajuste fiscal que redujo la inversión pública a mínimos históricos, la obra quedó detenida.
La decisión de la provincia de asumir el costo restante con recursos propios no fue solo una resolución técnica de continuidad edilicia. Fue una toma de posición. En un momento en que Quintela encabeza el espacio «Federales Somos Todos» y construye un discurso nacional de resistencia al modelo libertario, cada peso provincial invertido donde la Nación se retiró se convierte en argumento electoral y político.
El secretario de Obras Públicas, Raúl Andalor, fue más explícito aún durante la recorrida: anticipó que se evalúa retomar otras obras paralizadas en distintos puntos del territorio provincial que corrieron la misma suerte. La escuela técnica sería así la primera de una serie de señales en esa dirección.
Lo que la Nación dejó, la provincia lo termina
El establecimiento tiene una superficie de 2.400 m² y capacidad para aproximadamente 800 estudiantes en tres turnos. Contará con siete aulas, tres talleres, dos laboratorios y un salón de usos múltiples con cerramiento móvil. El área administrativa incluirá ocho oficinas con sectores de primeros auxilios y lactancia.
En una primera etapa funcionará como sede de Educación Profesional Secundaria, con proyección de incorporar progresivamente otros niveles técnicos. Andalor destacó que la orientación en electrónica y programación responde a una creciente demanda productiva vinculada a la transformación tecnológica, y que el establecimiento también habilitará sectores de uso comunitario fuera del horario escolar, convirtiéndose en un espacio de integración barrial.
«Un edificio moderno, con 2.400 m², talleres, laboratorios y espacios para la comunidad, que brindará formación integral en informática y electrónica», describió el gobernador en sus redes. «Muy pronto, sumaremos una nueva institución para el desarrollo de nuestras juventudes», cerró.
Gestión propia como bandera política
El contexto le da a esta obra una resonancia que excede lo educativo. La Rioja es la provincia con mayor dependencia fiscal del país —el 86% de sus ingresos proviene de transferencias nacionales, según datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso— y afronta al mismo tiempo una caída real del 6% en los recursos de origen nacional durante el primer trimestre de 2026. En ese cuadro, sostener obra pública con fondos propios es tanto una necesidad como una declaración de principios.
Quintela viene construyendo desde hace meses un discurso que coloca a La Rioja como víctima del ajuste macrista y como ejemplo de resistencia peronista al modelo libertario. La escuela de programación del barrio Los Obreros es, en esa lógica, mucho más que una escuela: es la prueba material de que la provincia existe y actúa aunque Buenos Aires haya mirado para otro lado.
Con fondos propios y sin la Nación: Quintela construye una escuela técnica para marcar distancia con Milei
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