Felipe Álvarez: «En La Rioja no hay peronismo» y anticipa su candidatura a gobernador en 2027

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El exdiputado nacional lanzó una doble andanada contra Ricardo Quintela y Martín Menem, calificó de «irresponsable» la pelea del gobernador con la Nación y afirmó que la provincia está «destruida» por décadas de gestión que desvirtuaron la doctrina justicialista. Con una propuesta de refundación política, Álvarez se posiciona como una tercera vía entre el quintelismo y la herencia menemista.

«Me preparé toda la vida para esto»

Felipe Álvarez no dejó lugar a la ambigüedad. El exdiputado nacional ratificó sus aspiraciones para 2027 con una convicción que no admite medias tintas: se ha preparado «toda la vida» para ser gobernador de La Rioja. La declaración, formulada en el marco de un análisis político de largo aliento sobre la situación provincial, marca el ingreso formal de Álvarez a la carrera electoral con identidad propia y un discurso que busca diferenciarse tanto del oficialismo quintelista como de la línea libertaria encabezada localmente por la familia Menem.

El diagnóstico desde el que parte su candidatura es sombrío: La Rioja está «destruida». Los problemas estructurales de educación, salud y salarios, afirmó, no han encontrado respuesta en el modelo de gestión vigente, y la provincia acumula décadas de oportunidades perdidas que ninguno de los dos polos del sistema político riojano ha sabido o querido resolver.

Quintela «irresponsable», Menem «caprichoso»

La particularidad del posicionamiento de Álvarez es que distribuye su crítica con equidad entre los dos ejes del poder riojano actual, sin alinearse con ninguno. Sobre el gobernador Ricardo Quintela, fue directo: calificó de «irresponsable» la pelea abierta con el Gobierno nacional en un contexto en que el 95% del presupuesto provincial depende de transferencias de la Nación. Las diferencias políticas pueden ser profundas, argumentó, pero la lógica institucional obliga a sentarse a dialogar cuando la dependencia fiscal es de esa magnitud. Confrontar sin negociar, en esa lectura, es un lujo que La Rioja no puede darse.

Pero el exdiputado no ahorró munición para el otro lado. A Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, lo calificó de «caprichoso» por su actitud frente a la provincia, en una caracterización que coincide en el diagnóstico —aunque no en el vocabulario— con las críticas más duras que el propio oficialismo provincial ha lanzado contra el diputado nacional riojano. Para Álvarez, tanto Quintela como Menem son parte del problema, y esa equidistancia es precisamente el espacio político que busca ocupar.

Como propuesta concreta para desactivar el conflicto salarial, el dirigente sugirió un mecanismo que sortearía la disputa entre Nación y provincia: que los fondos nacionales destinados a aumentos o bonos para empleados públicos se depositen directamente en las cuentas individuales de los trabajadores a través del Banco Nación, eliminando la intermediación provincial si existen dudas sobre la transparencia en el manejo de los recursos.

«En La Rioja ya no hay peronismo»

La afirmación más disruptiva de Álvarez fue la que apunta a su propia identidad de origen. A pesar de su trayectoria dentro del justicialismo, el exdiputado sostuvo que en La Rioja ya no existe peronismo real: el actual oficialismo ha desvirtuado la doctrina y se ha alejado de las necesidades concretas de la gente que históricamente fue el sujeto político del movimiento. La acusación no es menor viniendo de adentro, y funciona como habilitación ideológica para construir una alternativa que dispute el voto peronista sin llamarse peronista.

El proyecto que propone Álvarez es el de una «refundación» de La Rioja con gente nueva, un concepto que implica ruptura con la clase dirigente establecida en ambos extremos del espectro. Su blanco más visible en ese frente es lo que denomina los «ñoquis políticos»: funcionarios que cobran del Estado sin trabajar, empresas provinciales deficitarias sostenidas con recursos públicos y gastos que califica de injustificados, como la aerolínea provincial Alas La Rioja o la organización de eventos deportivos internacionales. El argumento es que esos recursos mal asignados son los que faltan para salarios dignos y servicios básicos.

Minería, seguridad jurídica y el modelo Catamarca

Sobre el desarrollo económico, Álvarez se ubicó en una posición favorable a la expansión minera, tomando como referencia el camino recorrido por Catamarca y San Juan. La minería responsable, argumentó, puede generar salarios superiores al millón y medio de pesos y un efecto de derrame sobre la economía local que La Rioja todavía no experimenta. Pero fue enfático en la condición de posibilidad: para atraer inversiones de esa escala, la provincia necesita brindar seguridad jurídica y comportarse como un Estado serio y confiable.

La observación tiene una carga crítica implícita hacia la gestión actual: la inestabilidad institucional, la confrontación permanente con la Nación y la percepción de arbitrariedad en el manejo de los recursos públicos son, en su lectura, los factores que espantan el capital que La Rioja necesita para diversificar su matriz productiva y reducir su dependencia de las transferencias federales.

Una tercera vía en construcción

Álvarez cerró su posicionamiento con una definición que intenta trazar las coordenadas de su espacio: ni quintelismo ni «vieja política de los Menem». La fórmula es ambiciosa porque implica disputar simultáneamente el voto peronista desencantado y el voto opositor que no se reconoce en La Libertad Avanza local. En una provincia donde el bipartidismo entre el PJ y el radicalismo ha estructurado la política durante décadas, la irrupción de una tercera vía con candidato propio y discurso de ruptura puede reconfigurar el tablero electoral de 2027 de maneras que hoy son difíciles de anticipar.

Lo que Álvarez tiene a su favor es la coherencia del diagnóstico: La Rioja necesita cambio, y ese cambio no vendrá ni de quienes la gobiernan ni de quienes la representan en Buenos Aires. Lo que le falta construir es la organización, la territorialidad y la masa crítica de dirigentes que transformen un posicionamiento discursivo en una candidatura competitiva. En 2026, con dieciséis meses por delante, ese es el trabajo que está por empezar.

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