Política

Indulto a Cristina: Quintela dice «yo lo haría», pero se corre del «Luche y Vuelve» como eje de 2027

Por Eduardo Nelson German · 22 de abril de 2026 · 09:08

El gobernador de La Rioja se sumó al coro de dirigentes peronistas que prometen una medida de gracia para la exmandataria —detenida bajo prisión domiciliaria en su departamento de Constitución desde junio de 2025— pero, a diferencia de Juan Grabois o del ministro bonaerense Juan Martín Mena, se negó a que el indulto sea la condición fundante del armado opositor. La definición llega en plena disputa por el liderazgo del PJ y exhibe la tensión entre la lealtad simbólica a Cristina y la necesidad de diseñar una estrategia propia para 2027.

Un rito de paso del peronismo post-Cristina

El debate sobre un eventual indulto a Cristina Fernández de Kirchner dejó de ser una consigna militante para convertirse en una especie de rito de paso para cualquier dirigente peronista con aspiraciones presidenciales. El primero en formalizar la demanda fue Juan Grabois, en enero pasado, cuando visitó a la exmandataria en Constitución y exigió públicamente a los principales referentes del espacio —Axel Kicillof, Sergio Massa, Wado de Pedro, Máximo Kirchner, Guillermo Moreno y el propio Quintela— que se comprometieran a firmar el perdón presidencial el primer día de un eventual gobierno opositor. En marzo, el ministro de Justicia bonaerense Juan Martín Mena levantó la apuesta: aseguró que él mismo impulsaría la medida desde el día uno, incluso contra la voluntad expresa de Cristina, que históricamente ha rechazado la figura del indulto por considerar que no reconoce su inocencia.

Quintela, ahora, puso en palabras su posición. Pero la puso en sus propios términos.

El «sí» y el «pero»

Consultado sobre si el indulto debía ser el primer punto de un acuerdo político dentro del peronismo, el gobernador riojano fue inequívoco sobre su voluntad personal: «Si vos me preguntás qué haría yo, sí, lo digo claramente: sí».

Lo relevante, sin embargo, vino después. Quintela trazó una línea clara entre lo que él haría como acto de gobierno y lo que el peronismo debe hacer como estrategia colectiva. Y ahí el «sí» se volvió condicional: la situación procesal de Cristina, dijo, no puede ser la condición única de una construcción política cuando el estado del país —a su criterio— es «mucho más preocupante» que cualquier drama individual.

La distinción no es menor. Donde Grabois y Mena colocan el indulto como precondición moral del armado opositor, Quintela lo ubica en el casillero de las consecuencias: algo que resultará, casi naturalmente, del ejercicio del poder, pero no el faro que debe orientar la marcha hacia él.

«Luche y Vuelve», releído

Durante la entrevista apareció la referencia inevitable: el «Luche y Vuelve» con el que el peronismo, entre 1972 y 1973, logró el retorno de Juan Domingo Perón del exilio español. Quintela no rehuyó la analogía —aceptó que aquel fue un objetivo alcanzado con acciones concretas— pero la giró en una dirección incómoda para el kirchnerismo más duro: «De nada vale que tengamos a Cristina libre si no nos organizamos», afirmó, antes de reclamar que el eje pase de la figura a la estructura.

El gobernador riojano está, en el fondo, deslindando dos cuestiones que el relato del «Luche y Vuelve» suele fundir en uno. Una es la reivindicación política de un líder proscripto; la otra es la construcción de un aparato capaz de gobernar. Quintela sostiene —sin decirlo con esas palabras— que el peronismo actual tiene la primera y carece de la segunda. Y que confundirlas es el atajo que garantiza otra derrota.

El objetivo que nombra y el que no

Cuando se le pidió una síntesis, Quintela resumió el horizonte en dos palabras: «tomar el poder». Y agregó que, logrado eso, «cada uno sabe lo que tenemos que hacer».

Hay un mensaje implícito en esa formulación. Quintela no promete fidelidad incondicional a Cristina; promete obediencia al resultado electoral. La diferencia es política pura: mientras sectores como La Cámpora construyen el cristinismo como condición de pertenencia, el gobernador riojano sugiere que el peronismo que vuelva al poder en 2027 será el que haya sabido ampliarse —él mismo viene hablando de sumar aliados de centroizquierda y centroderecha— más que el que haya firmado una declaración de lealtad previa a ninguna figura.

El obstáculo que nadie menciona demasiado

El debate, además, tiene un problema que no es de estrategia sino de letra constitucional. El artículo 36 de la Constitución Nacional, incorporado en la reforma de 1994, declara insanablemente nulos los actos de fuerza contra el orden institucional y extiende esa impugnación a quienes cometan graves delitos dolosos contra el Estado que conlleven enriquecimiento. Constitucionalistas como Andrés Gil Domínguez y Christian Cao sostienen que esa cláusula configura una prohibición implícita —aunque no expresa— del perdón presidencial para delitos de corrupción, como la administración fraudulenta agravada en perjuicio de la administración pública por la que Cristina recibió la condena firme de seis años.

Es decir: aun con plena voluntad política para firmarlo, un eventual presidente peronista se encontraría con una objeción constitucional seria y, con seguridad, con una batería inmediata de amparos y cautelares. Ni Grabois, ni Mena, ni Quintela lo han abordado en público con demasiado detalle. Pero el obstáculo está ahí, y no es cosmético.

Lo que dice La Rioja sobre el debate

Que Quintela haya elegido responder ahora —y no esquivar la pregunta como hicieron varios gobernadores del norte— indica que ya no juega defensivo frente a las definiciones que le reclama el ala dura del kirchnerismo. Pero tampoco juega a ofrecerse como continuador: se corre del guion y propone otro, más acorde con su propio recorrido reciente. Desafió a Cristina por la conducción del PJ en 2024, no logró siquiera reunir los avales para competir en aquella interna y, desde entonces, reconstruye un lugar como articulador de un peronismo plural con peso de gobernadores.

La fórmula que ensayó sobre el indulto es, en esa clave, una pieza precisa: le concede al cristinismo lo que quiere escuchar —la disposición a perdonar— y se reserva lo que realmente le importa, que es correr la discusión sobre 2027 más allá del caso Vialidad.

La Rioja, otra vez, cuenta algo sobre la Argentina. Desde una provincia que representa menos del uno por ciento del padrón electoral, Quintela está intentando escribir un pedazo del libreto peronista nacional. Y eligió escribirlo sin arrodillarse.