La candidatura presidencial de Quintela abre la guerra sucesoria en La Rioja: cinco nombres en pugna y un calendario electoral todavía sin definir
El paso del gobernador al tablero nacional desestructura la sucesión provincial. La vicegobernadora Teresita Madera, la diputada nacional Gabriela Pedrali, la senadora Florencia López, el intendente de Chilecito Rodrigo Brizuela y Doria y el senador Fernando Rejal aparecen como aspirantes. La fecha de los comicios y la eventual adopción de la Ley de Lemas concentran la pulseada interna entre quienes piden adelantar a mayo y quienes apuestan a octubre con las nacionales.
La decisión de Ricardo Quintela de blanquear sus aspiraciones presidenciales —admitidas en una entrevista con LA NACION— produjo en La Rioja un efecto inmediato sobre el armado provincial: la sucesión de la Casa de Gobierno quedó formalmente abierta y disparó una pulseada interna en el peronismo riojano que combina al menos cinco nombres con peso propio, una discusión calendarial sin resolver y el regreso de un debate institucional explosivo, el de la Ley de Lemas.
El cuadro de aspirantes que comenzó a configurarse después de la entrevista no responde a una lógica única. La vicegobernadora Teresita Madera aparece como la figura con mayor proximidad institucional al gobernador y con la legitimidad de haber sido electa en fórmula. La diputada nacional Gabriela Pedrali capitaliza presencia legislativa y exposición mediática nacional. La senadora Florencia López acumula experiencia en el Senado de la Nación y un anclaje territorial propio. El intendente de Chilecito, Rodrigo Brizuela y Doria, dispone de una base de poder en el segundo distrito de la provincia y de la legitimidad que da la gestión municipal directa. El senador nacional Fernando Rejal, en tanto, completa la nómina con espacio propio dentro del bloque oficialista y vínculos sostenidos con sectores del interior.
La discusión calendaria condiciona el conjunto del proceso. Quintela tiene, en la práctica, dos opciones técnicamente disponibles: convocar a elecciones provinciales desdobladas en mayo, lo que congelaría la disputa nacional y le permitiría ordenar la interna antes de que su propia candidatura presidencial absorba la atención política; o sostener la fecha conjunta con las elecciones nacionales de octubre, opción que arrastra ventajas y costos en sentido inverso.
El adelantamiento a mayo tiene a favor que permite resolver la sucesión cuando el gobernador todavía dispone de capital político neto y de capacidad de arbitraje sobre la interna. Le permitiría también imponer una candidatura única o, eventualmente, validar un mecanismo de selección antes de que el escenario nacional reordene las lealtades. La contracara es que obliga al peronismo a definir candidaturas en pleno proceso de armado nacional, sin saber todavía con qué fórmula presidencial competirá Quintela ni cómo se ordenará el universo opositor a Javier Milei.
La opción de octubre permitiría aprovechar el efecto arrastre que produciría la presencia de Quintela en la boleta nacional. Si el gobernador efectivamente compite por la Presidencia —o forma parte de una fórmula de unidad—, el peronismo riojano dispondría de un activo electoral que difícilmente esté disponible en una elección desdoblada. El costo, en cambio, es que la interna quede sin resolver durante meses, con el desgaste asociado y el riesgo de fracturas si alguno de los aspirantes percibe que el reparto se le cierra.
En ese escenario apareció el debate por la Ley de Lemas como mecanismo institucional para resolver la pelea sin desangrar al oficialismo. La herramienta —vigente en otras provincias argentinas— permite que cada partido presente múltiples sublemas y que los votos obtenidos por todos ellos se sumen a un lema común, de modo que el candidato más votado del partido más votado se consagre ganador. Aplicada en La Rioja, habilitaría a que Madera, Pedrali, López, Brizuela y Doria y Rejal compitieran simultáneamente sin que el peronismo arriesgue su unidad de cara al cómputo final.
Sin embargo, dentro del propio oficialismo riojano la herramienta enfrenta resistencias significativas. El argumento central de quienes la rechazan es que una interna abierta bajo formato de Lemas se convertiría en una carnicería política: cinco precandidaturas peronistas en la boleta supondrían cinco campañas paralelas, cinco redes de fiscalización, cinco aparatos territoriales compitiendo entre sí y exponiendo públicamente las grietas del oficialismo. El beneficio terminaría capitalizándolo la oposición local —en particular los espacios afines a La Libertad Avanza y los sectores radicales que mantienen presencia en distritos como la Capital, Chilecito y los Llanos—, que podrían recoger los costos de la sangría interna sin necesidad de competir contra una candidatura unificada.
La discusión adquiere otra dimensión política cuando se la cruza con la incidencia de la familia Menem en La Rioja. Tanto Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, como Eduardo «Lule» Menem, segundo de Karina Milei en La Libertad Avanza, mantienen incentivos directos para capitalizar electoralmente cualquier fractura del peronismo riojano. Una interna abierta bajo Ley de Lemas, sin un mecanismo previo de unificación, podría convertirse en el escenario más favorable que la oposición libertaria haya tenido en la provincia desde su irrupción.
La definición sobre el calendario y la herramienta institucional recae, en última instancia, en el propio Quintela. El gobernador conserva el poder de convocatoria sobre la interna, la lapicera para definir la fecha de los comicios y el peso político específico para inclinar la balanza hacia uno u otro de los aspirantes. La paradoja es que su candidatura presidencial —que es lo que abrió la sucesión— también condiciona el margen de maniobra: cualquier decisión que tome sobre la interna provincial será leída en clave nacional y viceversa.
Para La Rioja, la pelea sucesoria que se abrió esta semana define mucho más que el nombre del próximo gobernador. Define el modelo de provincia que va a discutirse en 2027: si la continuidad del esquema quintelista —con Madera o Pedrali como rostros de la transición—, una variante con anclaje territorial fuerte —Brizuela y Doria desde Chilecito—, una apuesta por el Senado —López o Rejal— o, eventualmente, una fórmula combinada que permita repartir cargos legislativos nacionales y provinciales como contrapeso a la jefatura del Ejecutivo. La discusión técnica sobre fechas y reglas electorales esconde, en realidad, la negociación política más importante del peronismo riojano de la última década.