Al finalizar junio, los ingresos acumulados llegaron a $862.962 millones y los gastos a $844.824 millones. El resultado financiero del semestre fue positivo en $11.691 millones. Por diferencia, el segundo trimestre aportó un superávit cercano a $26.318 millones y revirtió el rojo inicial.
La mejora también aparece en el resultado económico corriente: pasó de un déficit de $11.275 millones en marzo a un superávit acumulado de $36.167 millones en junio. El trimestre abril-junio, considerado aisladamente, dejó un saldo corriente favorable de unos $47.442 millones.
Estos números relativizan que la vuelta de la cuasimoneda pueda explicarse únicamente por un déficit operativo inmediato. El Gobierno provincial dispuso un refuerzo de 50.000 Chachos para empleados públicos, jubilados policiales y beneficiarios de programas, con un impacto estimado cercano a $4.000 millones. La emisión representa menos del 0,5% de los ingresos del semestre, pero cumple otra función: administrar pesos disponibles y sostener el consumo local.
La recuperación fiscal, sin embargo, no elimina las restricciones. Los recursos tributarios dependen fuertemente de fondos de origen nacional: explicaron cerca del 88% en el primer trimestre y alrededor del 89% en el semestre. Además, la diferencia entre gastos devengados y pagados alcanzó aproximadamente $83.134 millones en marzo y $140.005 millones en junio. Un superávit contable, por lo tanto, no equivale necesariamente a dinero disponible en caja.
Los Chachos aparecen así como una herramienta de liquidez y estímulo, en una provincia que también mantiene separado el conflicto por la deuda externa en default. Si el Ejecutivo avanza con la posibilidad de incorporar el bono de manera permanente al salario, deberá explicar su respaldo, aceptación comercial y mecanismo de rescate. La discusión ya no es solo cuánto gasta La Rioja, sino con qué moneda paga y quién absorbe el costo.





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