La soledad del Gitano: Quintela estira el sueño nacional para blindar su retirada en La Rioja

Aislado de las grandes ligas del peronismo y con sus propios senadores rindiendo pleitesía a Cristina Kirchner, el mandatario riojano simula volumen político mientras la oposición amenaza su bastión y los fueros legislativos asoman como su único refugio seguro.

Ricardo Quintela sigue intentando mantener encendida una vela que hace tiempo dejó de iluminar. En su afán por proyectarse como una alternativa de poder federal dentro del Partido Justicialista, el gobernador de La Rioja continúa ensayando gestos de precandidato presidencial. Sin embargo, detrás del relato de proyección nacional, el tablero político real le devuelve una imagen cruda: soledad estratégica, repliegue territorial y una tropa propia que ya empezó a desmarcarse sin disimulo.

El síntoma más elocuente del desgaste no provino de la oposición, sino del riñón del poder riojano en el Congreso. Los senadores nacionales Florencia López y Fernando Rejal —ambos impulsados por la estructura de la Casa de las Tejas— no esperaron bendición local alguna y se alinearon de lleno en el operativo clamor por Cristina Fernández de Kirchner. La jugada de López y Rejal expone una fractura inevitable: nadie en la primera línea provincial cree que el proyecto «Quintela 2027» tenga viabilidad frente al peso gravitacional del kirchnerismo duro.

Esta pérdida de peso quedó también expuesta en la escena regional. Días atrás, el paso de Máximo Kirchner por San Juan junto a Sergio Uñac pretendía ser una demostración de músculo federal bajo la bandera de «Democracia, interior y participación», pero terminó transformado en una foto deslucida. La llamativa ausencia de los gobernadores del Norte Grande —con el propio Quintela a la cabeza, sumado al vacío de Gildo Insfrán, Sergio Ziliotto y José Luis Gioja— confirmó que el peronismo de las provincias opera en modo sálvese quien pueda, incapaz de articular un polo unificado.

Frente a ese cerrojo nacional, la agenda oficial del riojano recurre al maquillaje de la gestión cotidiana: fotos institucionales como la reciente reunión con la cúpula de ATEPSA por demandas laborales y obras de navegación aérea. Postales protocolares que intentan mostrar ejecutividad, pero que resultan insuficientes para tapar el verdadero frente de tormenta: la provincia.

En los pasillos del peronismo riojano se lee con claridad la verdadera jugada detrás de la sobreactuación presidencial. La posibilidad de que La Rioja cambie de signo político dejó de ser una quimera electoral y se convirtió en una amenaza latente para el oficialismo. Con un recambio provincial en ciernes y causas judiciales en el retrovisor, sostener la investidura de presidenciable no es más que una moneda de cambio: el verdadero objetivo de Quintela es encabezar la lista a diputado nacional para asegurarse cuatro años de fueros parlamentarios.

Lejos de una gesta federal, el repliegue del «Gitano» se parece cada vez más a una clásica maniobra de supervivencia política: simular una carrera hacia la Casa Rosada para garantizar, como premio consuelo, el blindaje que evite el abismo judicial cuando el poder cambie de manos.


Descubre más desde Eduardo German

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.