El PJ enfrenta el desafío más complejo a su invicto de cuatro décadas: el sello libertario retiene un piso electoral sólido pese al ajuste nacional. El sondeo que maneja Lule Menem en Balcarce 50, las diferencias de instalación entre Martín Menem y Gino Visconti, y el posicionamiento de Teresita Madera en el oficialismo.
Desde el regreso de la democracia en 1983, el peronismo riojano administró el poder provincial sin interrupciones. Ni las crisis hiperinflacionarias, ni el colapso del 2001, ni las olas opositoras nacionales lograron quebrar esa hegemonía territorial. Sin embargo, en el tablero de cara al 2027, el oficialismo que encabeza Ricardo Quintela enfrenta un adversario inédito: la marca Javier Milei, una síntesis política y electoral que conserva una base de apoyo rocosa en la provincia, aun siendo el distrito más castigado por el torniquete fiscal de la Casa Rosada.
La Rioja lidera con holgura los índices de ajuste nacional, con un desplome del 99,1% real en las transferencias discrecionales y cero pesos recibidos por Aportes del Tesoro Nacional en lo que va del año. Pese a esa sangría de recursos que asfixia las cuentas públicas y castiga el consumo de las familias, la adhesión doctrinaria y el humor social a favor del rumbo libertario no retroceden al ritmo que proyectaban en la Casa de las Tejas.
El sondeo de Lule Menem y la brecha en la bancada libertaria
En los despachos de Balcarce 50, el subsecretario de Gestión Institucional, Eduardo «Lule» Menem, sigue con atención quirúrgica el pulso electoral del terruño riojano. Sobre su escritorio descansa un estudio de opinión pública reciente que arroja conclusiones directas: la marca de La Libertad Avanza mantiene una potencia electoral autónoma, pero su trasvasamiento hacia los dirigentes locales exhibe fuertes asimetrías.
El presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Martín Menem, capitaliza de manera casi directa la tracción del sello presidencial en la provincia. La contracara es su par de bancada, el diputado nacional Gino Visconti: según el relevamiento, el legislador aún no logró consolidar un nivel de conocimiento masivo ni asociar plenamente su figura a la estructura libertaria, funcionando más como un cuadro legislativo que como un dirigente identificado en el imaginario colectivo con el poder nacional.
La gravitación de ese piso electoral fue constatada de primera mano por el propio Martín Menem. Tras asistir a las exequias del senador nacional Juan Carlos Pagotto, el titular de la Cámara Baja optó por extender su estadía en la Capital provincial durante el fin de semana. Lejos de la custodia y el protocolo estricto, realizó trámites personales y caminó por los parques urbanos con rutina cotidiana, donde recogió el termómetro directo de la calle: el respaldo a la figura de Milei se mantiene activo en la ciudadanía más allá de las penurias de la coyuntura económica.
Madera al frente en el PJ y la advertencia del 2027
En la vereda de enfrente, el sondeo que monitorea la mesa chica menemista ratifica una tendencia que ya inquieta a la conducción peronista: dentro del oficialismo provincial, quien mejor mide para la disputa provincial es la vicegobernadora Teresita Madera. Su figura no solo consolida un piso competitivo en la Capital, sino que supera el arrastre de otros nombres del riñón directo de la Gobernación, justificando los ensayos de fórmula que hoy la ubican como la opción de mayor consenso interno.
El dilema de fondo para el peronismo riojano trasciende la resolución de sus candidaturas. Con la economía de trinchera al límite y la imposibilidad de apelar a una lluvia de fondos nacionales para recomponer salarios, el oficialismo deberá medirse contra un fenómeno que no compite con aparato territorial clásico, sino con una identidad cultural y política que sigue erosionando las certezas del histórico bastión peronista.
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