Recluido en su despacho de la Residencia de Gobernadores, el mandatario sigue con recelo los movimientos de Balcarce 50 con las provincias. La eliminación de las primarias y la reforma electoral como termómetro del bloque federal y su impacto en el armado del PJ local.
Aislado de la escena pública y con la guardia en alto, Ricardo Quintela pasa sus horas en su despacho de la Residencia Oficial con un ojo puesto en la administración cotidiana y el otro en el Congreso de la Nación. El mandatario riojano observa con detenimiento quirúrgico los movimientos del gobierno de Javier Milei, que busca abrochar los votos necesarios para avanzar con su reforma política, cuyo corazón reside en la eliminación definitiva de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
Para el riojano, el interés trasciende el diseño de las urnas nacionales. La pulseada por las PASO opera como un escáner en tiempo real para medir la consistencia del frente de gobernadores frente a los reclamos y ofertas de la Casa Rosada. En el entorno del mandatario sospechan que varios jefes provinciales, agobiados por la falta de recursos y tentados por promesas de asistencia fiscal, están dispuestos a convalidar la agenda legislativa libertaria a cambio de oxígeno financiero de corto plazo.
El fantasma de la fractura en el bloque federal
La preocupación de Quintela encuentra sobradas razones en el mapa regional. Mientras La Rioja se mantuvo como el polo más intransigente frente al ajuste nacional —resistiendo con cuasimonedas y un presupuesto de estricta supervivencia—, otros mandatarios peronistas y aliados del Norte Grande vienen transitando un camino de acuerdos pragmáticos con la administración central. Las recientes postales de cooperación económica en materia de grandes inversiones mineras terminaron de encender las alertas en la capital riojana.
Si Balcarce 50 logra fracturar la masa crítica de las provincias y alinear a un puñado de caciques distritales para derogar las primarias, la soledad política del gobierno riojano quedará nuevamente expuesta. En la visión de la mesa chica de Quintela, cada concesión institucional que los gobernadores le regalan a Milei debilita la capacidad de negociación colectiva para exigir la restitución de las transferencias automáticas y los fondos para obras públicas paralizadas.
Las esquirlas sobre la ingeniería de 2027
El destino de las primarias nacionales no es inocuo para el diseño doméstico del oficialismo riojano. Con la decisión ya tomada de no modificar el Código Electoral provincial ni apelar a atajos normativos locales, la cúpula peronista definió que resolverá sus listas mediante acuerdos cupulares y sondeos de opinión. La desaparición de las PASO en el calendario federal allanaría el terreno para que los oficialismos manejen con mayor discrecionalidad los tiempos y cierres de nóminas, suprimiendo las disputas a cielo abierto.
Sin embargo, el repliegue táctico del Gobernador encierra un dilema mayor. Mientras la oposición de La Libertad Avanza mantiene su prédica confrontativa en la Legislatura provincial y exhibe su arraigo en la opinión pública local, Quintela mide hasta dónde resistirá el resto del peronismo del interior. La incógnita que desvela al despacho de la Residencia Oficial es si la eliminación de las PASO terminará consolidando la hegemonía territorial de los gobernadores o si, por el contrario, será la consagración definitiva del control político que la Casa Rosada pretende imponer sobre todo el mapa federal.
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