El paro nacional de transporte, que afectó trenes, subtes, aviones y camiones, generó pérdidas por más de US$ 151 millones. Sin embargo, en la Casa Rosada consideran que el conflicto les otorga rédito político. Buscan desactivar la huelga de colectivos prevista en el AMBA.
El paro nacional de transporte, liderado por sindicalistas como Pablo Moyano (Camioneros) y Pablo Biró (Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas), paralizó este miércoles gran parte del sistema de transporte en Argentina, afectando trenes, subtes, aviones y camiones de carga. Aunque las pérdidas económicas superan los US$ 151 millones, el Gobierno de Javier Milei evalúa la situación como una oportunidad política para consolidar su postura en contra de los gremios.
El paro, que se sintió con fuerza en todo el país, dejó sin servicio de transporte aéreo a más de 27.000 pasajeros y provocó la cancelación de 250 vuelos. A pesar de estos números, desde la Casa Rosada se insiste en que la confrontación con los gremios es favorable para la administración, reforzando el discurso gubernamental de que los sindicalistas defienden «privilegios» en detrimento de los trabajadores.
En este contexto, el secretario de Transporte, Franco Mogetta, informó que se calculan pérdidas millonarias en distintos sectores: $286 millones en trenes de pasajeros, $1.100 millones en trenes de carga y $458 millones en terminales de ómnibus de la Provincia de Buenos Aires. No obstante, desde el Gobierno confían en que la narrativa anti-gremial puede generar simpatía entre la población.
La estrategia oficial incluyó el uso de la app «Mi Argentina» y pantallas en aeropuertos semivacíos, donde se señalaba directamente a Moyano y Biró como responsables del paro. Esta medida generó fuertes críticas de los sindicatos, que acusaron al Gobierno de estigmatizar su rol en la defensa de los derechos laborales.
Al mismo tiempo, el Ejecutivo intentó desactivar el paro de colectivos previsto en el Área Metropolitana de Buenos Aires, liderado por la UTA de Roberto Fernández, mediante negociaciones de último momento. A pesar de los esfuerzos, la tensión entre el Gobierno y los gremios sigue escalando, con la posibilidad de un tercer paro general en el horizonte.
El presidente Milei, por su parte, evitó referirse directamente al conflicto en su discurso en la Fundación Mediterránea en Córdoba, donde prefirió criticar a la UCR y a Raúl Alfonsín, relegando las tensiones gremiales a las redes sociales, desde donde intensificó su ataque a los líderes sindicales.
En paralelo, el Gobierno avanza con su proyecto de privatización de Aerolíneas Argentinas, otro de los puntos de fricción con los gremios del transporte, particularmente con Biró. Mientras la confrontación sigue su curso, las pérdidas económicas crecen, pero la Casa Rosada celebra lo que considera una victoria simbólica frente a los sindicatos más combativos.







