El debate central en la política riojana ya no es quién ganará, sino si puede existir un camino intermedio. La alianza en armado entre justicialistas disidentes, la UCR y un sector del PRO busca ocupar el vacío que dejaron Ricardo Quintela y Martín Menem. El desafío es encontrar el liderazgo y los recursos para ofrecer una alternativa real a un electorado cansado de los extremos.
En la política riojana de hoy, la pregunta que domina los pasillos y las mesas de café es, sin duda, si existe un lugar para una tercera vía electoral. El escenario se ha polarizado de tal manera que la contienda parece destinada a ser una batalla de dos. Por un lado, el justicialismo, que se aferra al poder de la estructura del Estado. Por el otro, La Libertad Avanza, que irrumpió con fuerza, impulsada por el arrastre de Javier Milei y el liderazgo local de Martín Menem.
Pero esta aparente polarización deja un vacío político significativo. Existe un sector del electorado que no se siente representado por ninguno de los dos extremos. No quieren la continuidad del justicialismo que ha gobernado la provincia por más de cuatro décadas, pero tampoco se sienten cómodos con la propuesta disruptiva, y a veces radical, de los libertarios. Este es el «lugar» que una nueva alianza busca ocupar.
Esta tercera vía, que se articula en torno a justicialistas disidentes, la Unión Cívica Radical y un sector del PRO, intenta ser la voz de ese electorado cansado de la grieta. Su potencial se basa en ofrecer un mensaje de moderación y gestión, desmarcándose tanto de las viejas prácticas del oficialismo como de los discursos confrontacionales de la oposición libertaria. La consigna es simple y poderosa: «ni con Quintela ni con Menem».
El principal desafío para este espacio es, precisamente, ocupar ese lugar. El camino está lleno de obstáculos. Para ser una alternativa real, necesita un líder unificado y con peso propio, algo que hasta ahora no logró cristalizar. La historia de las alianzas en la provincia, con sus fracturas y traiciones, no juega a su favor. Además, debe competir con la poderosa maquinaria del justicialismo en el poder y el impulso mediático del oficialismo nacional.
El «lugar» para la tercera vía electoral en La Rioja existe porque la polarización dejó a una parte de la sociedad sin voz. Si esta alianza logra superar sus diferencias internas, encontrar un liderazgo y un discurso que conecte con ese hartazgo, la provincia podría estar ante la posibilidad de romper con el ciclo histórico que la ha gobernado durante tanto tiempo. Si fracasa, el destino de La Rioja parecerá sellado en una disputa sin fin entre el justicialismo y el libertarismo.







