El gobernador busca blindar la lista con figuras de su confianza, pero la irrupción de Juan Carlos Santander, con el apoyo de un grupo de dirigentes influyentes, abre un nuevo frente de disputa interna. El oficialismo se enfrenta al desafío de evitar la división del voto en las legislativas.
El peronismo riojano se encuentra en un momento de definiciones cruciales de cara a las próximas elecciones, en las que el gobernador Ricardo Quintela busca conjurar un fantasma que amenaza con debilitar su fuerza: la división del voto. La estrategia tradicional de presentar múltiples boletas o «muletos» en los comicios legislativos genera el riesgo de fragmentar el apoyo del propio electorado, especialmente en la capital.
Ante este dilema, el gobernador impulsa una fórmula que busca blindar su proyecto político: Gabriela Pedrali y Ricardo Herrera. Con esta dupla, Quintela busca consolidar figuras de su confianza y mantener el control sobre el armado de listas. Sin embargo, este plan se topa con un nuevo desafío interno: la irrupción de Juan Carlos Santander como precandidato a diputado nacional.
Santander, que se reunió de manera privada con el gobernador para ratificar sus intenciones, no llega solo. Su candidatura cuenta con el aval de un grupo de dirigentes de renombre, lo que lo convierte en una alternativa de peso dentro del oficialismo. La presencia de este nuevo frente de disputa interna complica la intención de Quintela de unificar la lista bajo una sola boleta, y podría forzar un escenario de competencia que el gobernador busca evitar.
Mientras el PJ debate cómo sortear esta encrucijada, la oposición no pierde tiempo. La Libertad Avanza diseña una única boleta, una táctica que simplifica el voto y que podría captar a los electores que buscan una alternativa clara. A esto se suma la llegada de nuevas fuerzas como el partido SER, de Claudio Vidal, que busca consolidar su presencia en la provincia, agregando un nuevo elemento de presión al tablero político de La Rioja.







