El ministro del Interior acelera para tener dictamen el 15 de diciembre. La gestión de Quintela quedó fuera de la ronda de los 20 gobernadores «dialoguistas», aunque Gerardo Zamora intercedió para abrir un canal de diálogo ante la Casa Rosada.
Diego Santilli mira el calendario y marca una fecha en rojo: 10 de diciembre. Ese es el deadline que el ministro del Interior se impuso para cerrar la rosca política y garantizar el tratamiento del Presupuesto 2026 en sesiones extraordinarias. Bajo el pragmático lema de “ni cero, ni todo”, el funcionario recorre el país con una carpeta llena de pedidos provinciales, pero con una instrucción clara de Luis Caputo: el superávit fiscal no se toca.
En este tablero de ajedrez, La Rioja ha quedado, por el momento, fuera de la partida principal. La estrategia de la Casa Rosada dividió el mapa en dos: por un lado, los 20 gobernadores que mostraron predisposición a dialogar; por el otro, los «díscolos». En esa lista de excluidos, junto a Axel Kicillof y Gildo Insfrán, figura Ricardo Quintela.
Sin embargo, la política tiene sus propios anticuerpos. Durante su visita a Santiago del Estero el viernes pasado, Santilli recibió un mensaje directo del anfitrión, Gerardo Zamora. Entre bromas por la visita a la hora de la siesta, el caudillo santiagueño le pidió al ministro que escuche a su colega riojano. Fue un intento de tender un puente para que La Rioja no quede asfixiada financieramente en el reparto de 2026.
Café, carpetas y el «filtro» de Caputo
La mecánica de Santilli es frenética. Toma café con mandatarios, acepta regalos (mates, miel, camisetas) y anota todo. Pero no promete nada. La decisión final pasa por el «tablero de control» que manejan el ministro de Economía, Luis Caputo, y el secretario de Hacienda, Carlos Guberman. Ellos tienen la lapicera para definir cuánto margen de maniobra real existe para satisfacer los reclamos de obras y cajas previsionales.
Para los gobernadores aliados, la fórmula «ni cero, ni todo» implica que habrá concesiones, pero lejos de la canilla libre del pasado. Para los excluidos como Quintela, el riesgo es que el «cero» sea la única oferta, a menos que el pedido de Zamora surta efecto y se habilite una ventanilla de negociación de último minuto.
El tridente y la obsesión por el número
Santilli no juega solo. Reporta a un tridente de poder conformado por Karina Milei y el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. El objetivo es conseguir un despacho de comisión para el 15 de diciembre y llevar la «ley de leyes» al recinto antes de fin de año, aprovechando la nueva composición del Congreso donde La Libertad Avanza tendrá más músculo.
Mientras Kicillof suplica ser recibido e Insfrán se muestra indiferente («¿Para qué?», dicen que respondió), Quintela enfrenta una encrucijada. Necesita que el Presupuesto incluya transferencias directas de ATN y fondos del Impuesto a los Combustibles para evitar el colapso de sus cuentas (ya en default con bonistas externos).
La pregunta que flota en los pasillos de Balcarce 50 es si el Gobierno aceptará el convite de Zamora para indultar políticamente al riojano o si usará la billetera presupuestaria para disciplinar a los opositores más feroces. «Dejaron la vara baja. Les cumplieron cero a todos hasta acá. Con muy poco podemos tener el número», se entusiasman en el Gobierno, confiados en que la necesidad tiene cara de hereje, incluso para el peronismo duro.







