El Diario de Eduardo German

La Rioja · Argentina

Efecto colateral: comercios asfixiados y la fuga de cerebros que vacía a la provincia por los salarios

Sin capacidad de consumo, las ventas minoristas en La Rioja caen en picada. En paralelo, los nuevos profesionales eligen emigrar a Córdoba o al exterior ante la imposibilidad de progresar con sueldos estatales de US$ 350. La ecuación económica de los bajos salarios estatales golpea con un efecto dominó devastador sobre la actividad privada que…

Sin capacidad de consumo, las ventas minoristas en La Rioja caen en picada. En paralelo, los nuevos profesionales eligen emigrar a Córdoba o al exterior ante la imposibilidad de progresar con sueldos estatales de US$ 350.


La ecuación económica de los bajos salarios estatales golpea con un efecto dominó devastador sobre la actividad privada que aún resiste en La Rioja. Al ser el Estado el gran inyector de dinero en el circuito local, cuando el sueldo se deprime, el comercio se paraliza.

«Hoy vivimos en una economía de supervivencia», definen desde el sector comercial del microcentro riojano. Con un ingreso promedio de 350 dólares que apenas cubre alimentos y servicios básicos, el consumo de indumentaria, salidas gastronómicas, electrodomésticos y ocio se ha desplomado. Las persianas bajas en las peatonales son la postal visible de una crisis de demanda: nadie compra lo que nadie puede pagar.

El éxodo silencioso

Sin embargo, el daño más profundo a largo plazo es la fuga de capital humano. Los jóvenes riojanos que logran obtener un título universitario —médicos, ingenieros, programadores— se enfrentan a una pared: el mercado laboral local, monopolizado por el empleo público y sus sueldos de subsistencia, no ofrece horizonte de crecimiento.

Ante la perspectiva de ganar un básico de 133 dólares tras años de estudio, la decisión es armar las valijas. Córdoba, Buenos Aires o directamente el exterior se convierten en los destinos obligados.

«La Rioja educa profesionales para que generen riqueza en otras provincias», es la conclusión amarga de un sistema que, tras 42 años de hegemonía del mismo signo político, no ha logrado generar las condiciones para retener a su propia juventud, expulsada por la falta de oportunidades en el sector privado y la precarización del sector público.



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