Los mandatarios del Norte, interlocutores directos del titular de la Cámara Baja, atribuyen la caída del capítulo universitario a la soberbia del oficialismo. Mientras vecinos como Catamarca cobraron millones y «traicionaron» en el recinto, La Rioja ratifica que la estrategia de asfixia financiera no garantizó lealtades.
En los pasillos del Congreso y en los despachos de las provincias del Norte Grande, el asombro ha dado paso al pase de facturas. Tras la media sanción del Presupuesto 2026, que dejó al oficialismo con el sabor amargo de haber perdido el capítulo clave sobre universidades y discapacidad, los gobernadores apuntan a la «mala praxis» de los negociadores de la Casa Rosada. En el centro de las críticas aparece una figura ineludible para la política de La Rioja: el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem.
“No escucharon, era así o nada. Se creen que negociar es que los demás acepten todo”, deslizó con fastidio uno de los mandatarios que, hasta horas antes de la sesión, mantenía línea abierta con Menem y el ministro del Interior, Diego Santilli.
Para el arco político riojano, la sesión dejó una lección cruel sobre la eficacia del «látigo y la chequera». El gobierno de Javier Milei abrió la billetera de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) para seducir a los vecinos del Norte, marginando explícitamente a La Rioja de Ricardo Quintela. Sin embargo, el resultado expuso que los fondos girados a Tucumán o Catamarca no compraron obediencia ciega, dejando a Menem debilitado en su rol de garante de los acuerdos.
El error de cálculo de Menem
La lectura que hacen los gobernadores de Provincias Unidas es que el oficialismo pecó de soberbia. “Quisieron poner todo en el mismo capítulo porque estaban ‘sobregirados’”, analizó un jefe provincial. La estrategia de Menem de privilegiar a los «norteños amigos» chocó con la realidad: al momento de votar el artículo 75, los aliados cobraron pero no cumplieron.
El caso de Catamarca es el espejo más doloroso para La Rioja. El gobernador Raúl Jalil recibió $10.500 millones en ATN días antes de la votación. Sin embargo, sus diputados (del bloque Elijo Catamarca) votaron en contra del recorte universitario. En contraste, La Rioja, asfixiada financieramente y sin giros discrecionales, mantuvo su postura opositora coherente.
La pregunta que sobrevuela en el oficialismo libertario es si la estrategia de Menem de «premiar» a los vecinos de La Rioja fue efectiva. Tucumán recibió $20.000 millones; Salta, $6.000 millones. Aun así, legisladores de Gustavo Sáenz y Osvaldo Jaldo se dieron vuelta en el recinto. «Creen que porque mandan una transferencia compran la voluntad ideológica de un diputado del interior, y eso es no conocer la política», reflexionan cerca de uno de los gobernadores peronistas.
«Menos de lo que hay, imposible»
La relación entre la Casa Rosada y las provincias entra ahora en una fase de desconfianza mutua. Los gobernadores dialoguistas advierten que los emisarios de Milei, incluido Menem, dieron por sentados votos que no estaban cerrados. «Ni siquiera llamaron», aseguran algunos legisladores que terminaron votando en contra por falta de contención política.
Para La Rioja, la situación valida la tesis de Quintela: no hay margen de negociación real con un Gobierno que exige sumisión total. Mientras los mandatarios «amigos» ahora temen represalias o el corte del chorro de ATN (del cual todavía quedan $700.000 millones sin ejecutar), La Rioja observa desde la tranquilidad del que ya no tiene nada que perder. “Menos de lo que hay es difícil que haya”, deslizan con ironía en las provincias castigadas, una frase que bien podría ser el eslogan de la gestión riojana frente a la Nación.
El fantasma de la traición
El oficialismo nacional vuelve a hablar de «traiciones», pero esta vez el dedo acusador vuelve hacia adentro. La impericia para contar los votos («poroteo») y la confianza excesiva en que la presión fiscal doblegaría voluntades en temas sensibles como discapacidad y educación universitaria expusieron las limitaciones del armado político.
Ahora, la discusión pasa al Senado. Allí, Martín Menem no tiene jurisdicción, pero el daño político de la derrota en Diputados ya está hecho. Para el riojano, que intentó erigirse como el puente de oro entre el interior y la Rosada, el saldo es negativo: sus vecinos cobraron y votaron en contra; su provincia no cobró y votó en contra. La «mala praxis» de creer que negociar es imponer dejó al Gobierno sin su capítulo soñado y a los gobernadores con la guardia alta.







