Mientras la mayoría de las provincias ya adhirieron al régimen de beneficios fiscales de Javier Milei, Ricardo Quintela ratifica su propio esquema de asociación estatal; el desafío de atraer capitales sin ceder el control de los recursos.
La minería argentina atraviesa un punto de inflexión definido por dos visiones de país diametralmente opuestas. Por un lado, el Gobierno nacional, bajo la gestión de Javier Milei, consolida el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) como la piedra angular para atraer capitales extranjeros en sectores estratégicos. Por el otro, La Rioja se erige como el principal bastión de resistencia al modelo libertario, apostando por una participación estatal directa que el gobernador Ricardo Quintela define como «defensa de la soberanía provincial».
Desde la reglamentación del RIGI a finales de 2024, el mapa minero ha comenzado a pintarse con los colores del oficialismo nacional. Provincias con tradición minera como San Juan, Catamarca, Salta y Jujuy no tardaron en adherir, buscando capturar proyectos de cobre y litio que requieren desembolsos mínimos de US$ 200 millones. El incentivo es potente: estabilidad fiscal por 30 años, reducción de Ganancias al 25% y exenciones arancelarias para la importación de bienes de capital.
El «contramodelo» riojano
A contramano de la tendencia mayoritaria, el gobernador Ricardo Quintela mantiene a La Rioja al margen del régimen nacional. La estrategia del mandatario riojano no es el rechazo a la actividad, sino la imposición de condiciones que el RIGI prohíbe explícitamente: que el Estado provincial sea socio activo de las empresas inversoras.
«Sostenemos la importancia del desarrollo minero sostenible en la provincia», afirmó recientemente Quintela tras una cumbre clave con líderes del sector. El mandatario se reunió con figuras de peso como Paulo Brito (MSP Holding), Rodrigo Barbosa (Aura Minerals) y Hernán Vera (Seargen), para discutir proyectos que integran minería con ganadería y agroindustria.
Para la Casa de las Tejas, el modelo es claro: el recurso pertenece a los riojanos y su explotación debe dejar un valor agregado tangible. Según fuentes oficiales, la provincia ya cuenta con 11 compañías en etapa de prospección y cinco en exploración, operando bajo el ala de la empresa estatal Energía y Minerales Sociedad del Estado (EMSE).
RIGI vs. Soberanía: los puntos de fricción
La comparación entre el esquema nacional y el riojano revela tensiones profundas sobre el rol del Estado:
| Características | Modelo RIGI (Nacional) | Modelo La Rioja (Quintela) |
| Incentivos | Estabilidad fiscal y cambiaria por 30 años. | RIGI provincial en desarrollo con beneficios locales. |
| Participación Estatal | Limitada; prohibición de cuotas de mercado. | El Estado provincial debe ser socio del proyecto. |
| Proveedores | Apertura a importaciones sin aranceles. | Prioridad absoluta a la mano de obra y proveedores locales. |
| Minerales | Enfoque masivo en Litio y Cobre. | Tierras raras, minerales críticos y litio controlado. |
El factor «Tierras Raras»
Mientras que el RIGI nacional ya ha dado sus primeros frutos con la aprobación de grandes parques fotovoltaicos y proyectos de litio en el norte, La Rioja busca su propio nicho. En enero de 2026, Quintela selló un acuerdo estratégico con la estadounidense American Minerals para la búsqueda de tierras raras, elementos clave para la tecnología global que podrían posicionar a la provincia en un mercado de altísima demanda y escasa oferta regional.
Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos. La asfixia financiera que denuncia la provincia —con transferencias discrecionales de Nación reducidas a cero en el inicio del año— pone a prueba la capacidad de La Rioja para sostener su infraestructura minera sin los beneficios del paraguas nacional.
Para el sector empresarial, el dilema es de seguridad jurídica. «El RIGI ofrece un marco de previsibilidad que Argentina no tuvo en décadas», sostienen desde las cámaras mineras nacionales. No obstante, el interés de grupos como los Brito o Aura Minerals en suelo riojano sugiere que, bajo condiciones de rentabilidad adecuadas, el «modelo de asociación» de Quintela todavía tiene cartas para jugar en la mesa de la transición energética global.







