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Alarma nutricional: un informe de la UCA revela que 8 de cada 10 asalariados restringen su alimentación por motivos económicos

El Observatorio de la Deuda Social Argentina advirtió sobre el severo deterioro de los hábitos durante la jornada laboral. El 61% admite saltearse comidas por falta de dinero y casi un 23% directamente no come en su horario de trabajo.

Un reciente estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) pone en cifras una realidad preocupante para el mercado laboral argentino: la economía está golpeando directamente el plato de los trabajadores. El informe, titulado «La alimentación y comensalidad en población asalariada de la Argentina», expone cómo los ingresos y el entorno de trabajo condicionan severamente la calidad y cantidad de la ingesta diaria.

El ajuste llega a la vianda

Según el relevamiento, basado en una encuesta nacional a 1.171 asalariados, el 83,5% de los trabajadores se encuentra en situación de vulnerabilidad alimentaria, viéndose obligados a restringir la cantidad o la calidad de sus alimentos por motivos netamente económicos.

Los datos desglosados en el informe técnico ilustran la profundidad del problema:

  • El 61,1% de los empleados saltea comidas durante su jornada laboral, ya sea de manera ocasional o regular, por falta de presupuesto.
  • Un 78,5% admite haber tenido que optar por alimentos menos saludables y más baratos.
  • Casi uno de cada cuatro asalariados (el 23%) directamente no suele comer durante su horario de trabajo.

El documento de la UCA advierte que «ante la presión económica, la mayoría de los trabajadores no renuncia inicialmente a la ingesta, sino a su valor nutricional», transformando el almuerzo laboral en un factor de riesgo para la salud a largo plazo.

Gráfico circular que muestra el interés de los trabajadores asalariados en Argentina por recibir un aporte con libertad de elección para alimentación, destacando que el 80,4% desea recibir este beneficio.

Infraestructura corporativa: la desigualdad de la heladera

El entorno donde se trabaja agrava o mitiga esta crisis. El estudio revela que un 13,7% de los asalariados está desprovisto de toda infraestructura básica, como una simple heladera o un microondas. Esta carencia imposibilita llevar comida casera y obliga al trabajador a gastar en comercios cercanos o a consumir alimentos de peor calidad.

A esta falta de equipamiento se suma la escasez de beneficios corporativos: el 55,6% de los trabajadores debe afrontar los gastos por su cuenta, ya que no recibe ningún tipo de aporte o contribución (como viandas, comedor o asignaciones monetarias) por parte de su empleador.

Consecuencias directas: la salud en alerta

Las estrategias de supervivencia económica y las malas condiciones de infraestructura laboral impactan de lleno en el estado físico de la fuerza productiva.

El informe señala que el 23,1% de los asalariados argentinos presenta obesidad, es decir, un Índice de Masa Corporal (IMC) superior a 30. Las dinámicas de trabajo juegan un rol central en esto: «Las jornadas extendidas aparecen asociadas a la obesidad: quienes trabajan 45 horas o más presentan una mayor prevalencia (27,2%) en comparación con jornadas reducidas». Asimismo, el hábito de la pausa laboral marca una diferencia sanitaria clave, ya que quienes casi nunca se detienen para comer presentan una tasa de obesidad del 35,8%, casi el doble que aquellos que sí logran desconectar para almorzar (19,3%).

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