Según datos del INDEC y análisis del economista José Nicolás Casas, la tasa de pobreza en La Rioja Capital alcanzó el 37,8% en el segundo semestre de 2025, superando ampliamente el promedio nacional de 26,9%. Mientras el país registró una baja de 3,4 puntos porcentuales en la pobreza durante el año, La Rioja tuvo el peor resultado del país con un aumento de +4,3 p.p. La explicación principal: bajos ingresos y una de las tasas más altas de subocupación demandante del país, que obliga a miles de riojanos a trabajar pero sin que les alcance para cubrir necesidades básicas.
La Rioja se presenta como un caso paradigmático de las tensiones del mercado laboral argentino. Mientras la provincia cerró 2025 con una de las tasas de desocupación más bajas del país —alrededor del 3,4% en la capital según los últimos informes del INDEC—, la calidad del empleo revela una realidad mucho más compleja y preocupante.
El economista José Nicolás Casas (@josenicolas767) destacó en sus análisis que la pobreza en La Rioja Capital volvió a subir y se ubicó en 37,8%, revirtiendo mejoras previas y superando con creces el promedio nacional. Este incremento de +4,3 puntos porcentuales en el año posiciona a la provincia como la de peor desempeño en materia de reducción de la pobreza en todo el país.
Los dos motores de la pobreza riojana: bajos ingresos y subocupación
Los principales factores identificados son claros:
– Ingresos insuficientes: Muchos hogares riojanos perciben salarios o remuneraciones que no alcanzan para cubrir la canasta básica total, incluso cuando hay uno o más miembros ocupados.
– Alta subocupación demandante: Miles de personas tienen empleo, pero necesitan más horas de trabajo o un segundo puesto para llegar a fin de mes. En el tercer trimestre de 2025, La Rioja registró una de las tasas de subocupación demandante más elevadas del país (alrededor del 14,8% a 15,8% según los datos del INDEC para aglomerados urbanos), muy por encima del promedio nacional.
Esta combinación genera un círculo vicioso: bajos ingresos → menor consumo local → menor dinamismo económico → más presión sobre los hogares → mayor pobreza.
A nivel nacional, la pobreza bajó 3,4 puntos porcentuales en 2025, gracias a la desaceleración inflacionaria, la estabilización macroeconómica y la recuperación gradual de algunos sectores. Sin embargo, en La Rioja la tendencia fue opuesta, lo que enciende alertas sobre la efectividad de las políticas locales y la capacidad del modelo productivo provincial para generar ingresos dignos.

Desocupación baja, pero precariedad alta
Los datos del INDEC para el cuarto trimestre de 2025 muestran que La Rioja mantiene una desocupación abierta baja (3,4% en la capital), lo que contrasta con el 7,5% nacional. Este “oasis estadístico” se explica en parte por la elevada dependencia del empleo público, que históricamente ha actuado como amortiguador en la provincia.
Sin embargo, la cara oculta es la precariedad:
– Alta proporción de ocupados demandantes de empleo (personas que ya trabajan pero buscan activamente otro puesto o más horas).
– Subocupación total elevada (alrededor del 17,1% en el tercer trimestre según series del INDEC).
– Informalidad y empleos de baja productividad en sectores como construcción, servicios estacionales y actividades primarias.
Esta situación explica por qué “tener trabajo” en La Rioja no equivale necesariamente a salir de la pobreza. El fenómeno de los “trabajadores pobres” se consolida como uno de los principales desafíos estructurales de la provincia.
Implicancias nacionales
El caso riojano interpela el debate sobre el federalismo y la calidad del crecimiento económico argentino. Mientras el país avanza en estabilización macroeconómica —con superávit fiscal, reservas en recuperación y proyecciones de crecimiento para 2026—, las provincias del interior con economías más dependientes del Estado enfrentan dificultades para traducir esas mejoras en bienestar concreto para las familias.
La Rioja funciona como un espejo de lo que ocurre cuando el ajuste y la disciplina fiscal no van acompañados de una agenda agresiva de generación de empleo privado de calidad, inversión productiva y formación de capital humano. La alta subocupación y los bajos ingresos no solo aumentan la pobreza, sino que también limitan el consumo interno, desincentivan las inversiones locales y pueden generar presión migratoria de jóvenes hacia centros urbanos más grandes.
Expertos coinciden en que revertir esta dinámica requiere medidas concretas:
– Atracción de inversiones privadas en sectores con potencial como vitivinicultura, turismo, energías renovables y minería sustentable.
– Fortalecimiento de la formación profesional alineada a demandas reales del mercado.
– Políticas activas para mejorar la productividad y formalización del empleo.
– Menor dependencia crónica del empleo público como único estabilizador social.
Sin avances en estos frentes, el bajo desempleo seguirá siendo solo una estadística parcial que oculta una realidad de esfuerzo diario sin recompensa proporcional.
La suba de la pobreza en La Rioja, en un año donde el promedio nacional mejoró, no es solo un problema provincial: es una señal de que la recuperación argentina todavía no llega de manera federal ni inclusiva. Convertir el “tener un empleo” en “vivir con dignidad” sigue siendo uno de los grandes pendientes para construir un país con oportunidades reales en todas sus regiones.
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