El Diario de Eduardo German

La Rioja · Argentina

El Gobierno de La Rioja le habla a Martín Menem: «La responsabilidad la tienen los legisladores de LLA que tienen llegada con el Ejecutivo»

El jefe de Gabinete provincial, Juan Luna Corzo, salió a desactivar la lectura política del conflicto por fondos coparticipables y la deuda de CAMMESA, pero el mensaje de fondo fue inequívoco: el gobierno riojano le pone la pelota en los pies al presidente de la Cámara de Diputados. La estrategia de Quintela es convertir a…

El jefe de Gabinete provincial, Juan Luna Corzo, salió a desactivar la lectura política del conflicto por fondos coparticipables y la deuda de CAMMESA, pero el mensaje de fondo fue inequívoco: el gobierno riojano le pone la pelota en los pies al presidente de la Cámara de Diputados. La estrategia de Quintela es convertir a Menem en parte del problema o en parte de la solución, y obligarlo a definirse antes de que empiece la campaña de 2027.

Juan Luna Corzo eligió el tono institucional. Habló de reclamos históricos, de legitimidad reconocida por todos los gobiernos anteriores, de diálogo y de expectativas de acuerdo. No mencionó a Milei. No cargó contra La Libertad Avanza. No usó la palabra «ajuste». Pero debajo de esa superficie prolija y deliberadamente despolitizada, el jefe de Gabinete de La Rioja lanzó una de las jugadas más calculadas del peronismo provincial en los últimos tiempos: poner a Martín Menem en el centro del tablero y hacerlo responsable de lo que ocurra.

«La responsabilidad principal y las herramientas las tienen los legisladores de LLA, que tienen llegada con el Ejecutivo nacional. Nosotros vamos a acompañar y gestionar», dijo Luna Corzo con la calma de quien sabe exactamente lo que está haciendo. En esa oración, sin estridencias ni insultos, el gobierno de Ricardo Quintela trazó la línea divisoria que definirá la política riojana de cara a 2027: o Menem usa su poder para que la Nación le devuelva a La Rioja lo que le debe, o queda atrapado entre su lealtad a Milei y su ambición de gobernar la provincia que hoy está en default.

El reclamo que todos los presidentes reconocieron

El argumento técnico que sostiene el planteo provincial no es nuevo, pero Luna Corzo lo expuso con una contundencia que apunta directamente a desactivar cualquier lectura partidaria del conflicto. La deuda tiene origen en 1988, cuando la provincia perdió un punto de coparticipación federal que nunca recuperó formalmente, y que desde entonces fue compensada —de manera irregular y discrecional— mediante Aportes del Tesoro Nacional.

«Buenos Aires tiene una situación similar a la de La Rioja con origen en el año 88; son todos conocedores de la legitimidad de nuestro reclamo», señaló el funcionario, trazando un paralelo con la provincia más grande del país que no es casual: si el kirchnerismo bonaerense y el quintelismo riojano comparten el mismo reclamo histórico, la legitimidad del pedido trasciende la grieta y se convierte en una causa federal de primer orden.

La lista de gobiernos que reconocieron la deuda que Luna Corzo enumeró es, en sí misma, un argumento político de enorme peso: «El de Alberto Fernández, pero también el de Mauricio Macri, Cristina Kirchner, Néstor Kirchner y De la Rúa.» Es decir: todos. Radicales y peronistas, kirchneristas y macristas, todos los gobiernos que ocuparon la Casa Rosada en los últimos 25 años reconocieron que La Rioja tenía razón. Solo el gobierno de Milei —cuyo representante más poderoso en el Congreso es un riojano— se niega a incluir esa compensación en el Presupuesto 2026.

El monto, según el quintelismo, asciende a 1.300 millones de dólares acumulados. Una cifra que, dicho con toda su crudeza, equivale a varias veces el presupuesto anual de la provincia.

Los activos que no se tocan

Otro de los ejes de la presentación de Luna Corzo fue el de despejar cualquier versión sobre una posible ejecución de activos provinciales como forma de cancelar deudas o compensar déficits. «El Banco Rioja y el Parque Eólico son del gobierno riojano y van a seguir siéndolo. Descartamos que el Banco Rioja o el Parque Eólico sean objetos de ejecución», afirmó con una claridad que sugiere que esas versiones circularon con suficiente intensidad como para requerir una desmentida explícita.

La mención de ambos activos no es menor. El Banco Rioja es el principal instrumento financiero con que cuenta la provincia para sostener su operatoria en un contexto de default, y el Parque Eólico Arauco —cuya expansión fue uno de los logros más exhibidos de la gestión Quintela— es el activo energético más valioso del Estado provincial. Que ambos aparezcan en el discurso del jefe de Gabinete como bienes intangibles e inejecutable indica que el gobierno está gestionando, en paralelo a la negociación política, el riesgo de que la presión financiera se traslade al patrimonio público.

El daño que no es al gobierno sino al pueblo

Uno de los pasajes más reveladores de las declaraciones de Luna Corzo fue el que apuntó al impacto humano y social del conflicto presupuestario: «No se le hace daño a un gobierno, se le hace daño al pueblo de La Rioja.» La frase es un movimiento clásico del manual político provincial: correrse del lugar de víctima institucional y poner en primer plano a la ciudadanía que padece las consecuencias del ajuste.

El funcionario reforzó ese argumento con una referencia histórica que en La Rioja tiene una carga emocional particular: «La Rioja no la pasó bien en los 90 con políticas similares a las que se quieren aplicar y eso nos mantiene muy preocupados.» La evocación de los años noventa —la década del menemismo, precisamente— no es casual en el marco de un conflicto en el que el principal interlocutor del lado nacional lleva ese apellido. Es un recordatorio de que La Rioja tiene memoria, y que esa memoria incluye lo que le costó la última gran desregulación.

La trampa política que le tienden a Menem

La estrategia del gobierno riojano es tan sencilla como efectiva. Al desmarcar el reclamo de cualquier color político y presentarlo como una causa institucional con consenso histórico transversal, Luna Corzo le cierra a Menem la salida más cómoda: la de decir que es un conflicto entre kirchneristas y libertarios, y que él está del lado correcto de la historia.

Si todos los gobiernos anteriores reconocieron la deuda, entonces negarla no es una postura ideológica: es una decisión política que afecta a los riojanos independientemente de su voto. Y si el legislador riojano con mayor poder en el Congreso nacional no usa ese poder para defender a su provincia, la pregunta que empezará a circular —y que el peronismo provincial ya está preparando para instalar— es muy simple: ¿para qué sirve tener a uno de los nuestros en la presidencia de la Cámara de Diputados?

La respuesta a esa pregunta, y la capacidad de Menem para darla con hechos antes de que la campaña de 2027 arranque formalmente, es hoy el principal enigma de la política riojana.

El peronismo que se busca a sí mismo

Luna Corzo también deslizó una reflexión que trasciende el conflicto puntual y apunta al estado interno del peronismo provincial: «Lo que hay que hacer desde el peronismo es, respetando nuestras bases, reinterpretarnos en función de lo que la gente eligió en la última elección.»

La frase es una admisión velada de que algo no funcionó. Que ganar por 782 votos en un distrito propio, frente a un espacio político que dos años antes había obtenido apenas el 15%, es una señal de alerta que el peronismo riojano no puede ignorar. Y que la respuesta no puede ser simplemente repetir el esquema anterior y esperar que el escenario nacional cambie a favor.

En ese contexto, la apelación a Menem —pidiéndole que use su llegada al Ejecutivo para resolver un reclamo que todos reconocen como legítimo— es también una forma de poner a prueba el nuevo estilo de hacer política que el propio Luna Corzo reivindica: el del diálogo institucional por encima de la confrontación, el del «todos tirando del carro para el mismo lado».

Si Menem responde, el peronismo provincial habrá obtenido un resultado concreto sin necesidad de una guerra de declaraciones. Si no responde, habrá construido el argumento más poderoso de la campaña que viene.

El jefe de Gabinete habló con tono institucional. Pero la jugada fue perfectamente política.


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