LA vigilia del 2 de Abril reunió en Río Grande y Ushuaia a dos gobernadores que construyen caminos autónomos dentro del peronismo, una delegación de más de diez diputados nacionales y dirigentes de todas las tribus del justicialismo. Villarruel canceló su viaje para no aparecer en la foto opositora. Pero el acto conmemorativo es solo la superficie: detrás de los homenajes a los caídos se juega la pulseada por el liderazgo del peronismo nacional, la pelea interna en Tierra del Fuego y el armado que tanto Kicillof como Quintela necesitan para tener peso propio en la Argentina que viene. Hay fechas que la política argentina no puede ignorar sin pagar un costo. El 2 de Abril es la más cara de todas: la que convoca a los muertos, a las familias, a los ex combatientes y a una herida que cuarenta y cuatro años no han cerrado del todo. Ir a Tierra del Fuego ese día no es una opción electoral. Es una obligación simbólica que ningún dirigente que aspire a representar algo más que su propio distrito puede eludir. Pero Axel Kicillof y Ricardo Quintela no viajaron solo a rendir homenaje. Viajaron a mostrarse. A estar juntos. A construir en el lugar geográfico y emocional más cargado de la Argentina una imagen que los une sin necesidad de declaraciones, de documentos partidarios ni de actos de proclamación. La vigilia en Río Grande y el acto en el cenotafio de Ushuaia son el escenario. La política de 2027 es el guión. Dos gobernadores, un mismo movimiento La presencia simultánea de Kicillof y Quintela en Tierra del Fuego no es producto de la casualidad ni de la buena voluntad del gobernador fueguino Gustavo Melella, que los convocó. Es el resultado de un movimiento que ambos mandatarios vienen construyendo en paralelo desde que el peronismo comenzó a procesar la derrota de 2023. Kicillof, gobernador de la provincia más grande y más compleja del país, busca desde hace meses proyectarse nacionalmente sin quedar atrapado en la interna con Cristina Kirchner que amenazó con partir al kirchnerismo en dos. Quintela, gobernador de la provincia más pequeña del noroeste y la única en situación de default, necesita demostrar que su confrontación con Milei no es la queja aislada de un distrito periférico sino la expresión de una causa federal que convoca a todo el interior. Juntos en Malvinas, con la bandera argentina como fondo y los nombres de los caídos como contexto, los dos mandatarios construyen algo que ninguno de los dos puede edificar solo: la imagen de un peronismo que tiene gobernadores, que tiene territorio y que tiene una narrativa más poderosa que la suma de sus problemas internos. Una fuente del justicialismo fueguino admitió su incomodidad con la visita de Kicillof: «No creemos que sea el mejor momento para que venga Axel.» La frase revela la tensión que el acto encierra: para Melella, recibir a Kicillof y a Quintela en su peor momento político interno es tanto una oportunidad de mostrar peso nacional como un riesgo de quedar subsumido en una agenda que no controla. La comitiva que habla por sí sola La delegación que acompañó a los gobernadores dice tanto como su presencia. Los diputados nacionales Sabrina Selva, Cecilia Moreau, Juan Marino, Huguito Moyano, Juanca Molina, Graciela Parola, Luis Basterra, Natalia Zaracho, Hugo Yasky, Gabriela Pedrali y Victoria Tolosa Paz viajaron juntos en lo que la propia Tolosa Paz describió desde sus redes como un viaje en Aerolíneas Argentinas —la línea de bandera que el peronismo defendió contra la privatización— rumbo a la provincia más austral del país. La elección de esa aerolínea, en ese viaje, en esa fecha, es una declaración triple de soberanía: la de las islas, la del cielo y la de la empresa pública. Ninguno de los presentes ignora ese subtexto. También viajaron el senador santafesino Marcelo Lewandowski, los intendentes de La Quiaca, Dante Velázquez, y de San Juan, Matías Espejo, más el presidente del Concejo Deliberante de San Rafael, Nahuel Ascone. Una geografía que va desde el extremo norte hasta el extremo sur, del NOA a la Patagonia, del Atlántico a los Andes. El peronismo federal buscó mostrar en un solo vuelo la extensión de su territorio. Quintela llegó acompañado, además, por su propia delegación riojana: la vicegobernadora Teresita Madera —quien ya confirmó sus aspiraciones para 2027—, la senadora nacional María Florencia López —segunda mejor imagen del país en el último ranking de CB Global Data— y la propia Tolosa Paz como enlace nacional del espacio. La ausencia que también habla: Villarruel se baja La cancelación del viaje de Victoria Villarruel es, en su propia forma, tan elocuente como la presencia de los gobernadores. La vicepresidenta había confirmado su asistencia a los actos del 2 de Abril en Ushuaia, tal como lo hizo el año anterior cuando compartió escenario con Quintela en la Fiesta Nacional de la Chaya —una imagen que incomodó profundamente al entorno de Milei. Esta vez, el cálculo fue diferente. Aparecer en Tierra del Fuego junto a Kicillof y Quintela —dos de los gobernadores opositores que con mayor dureza cuestionan al Gobierno nacional— en una fecha de altísima carga emocional habría sido una foto que en Balcarce 50 nadie podría haber explicado con comodidad. La ausencia de Villarruel no es una señal de falta de respeto hacia los caídos. Es una señal de que la geometría política del Gobierno nacional ya no puede permitirse ciertas ambigüedades. En su entorno evitaron dar explicaciones. No las necesitaron. La política argentina lee los silencios tan bien como los discursos. El caos interno de Tierra del Fuego: el anfitrión que recibe en su hora más difícil Gustavo Melella recibe a los gobernadores en el peor momento de su gestión. El panorama que enfrenta es de una complejidad que pocas administraciones provinciales han conocido en simultáneo: sin el apoyo de los tres intendentes de la isla, con las arcas provinciales golpeadas por la quita de aranceles a los celulares que devastó el régimen de promoción industrial fueguino, con la intervención del puerto de Ushuaia por parte de la Nación como herida abierta y con una interna peronista que ya anticipó los alineamientos de 2027. Los intendentes Martín Pérez, de Río Grande, y Daniel Harrington, de Tolhuin, rompieron con Melella en 2025 y compitieron en las elecciones con sellos propios. El camporista Walter Vuoto, de Ushuaia, que fue su aliado más cercano bajo la bandera de «Fuerza Patria», le declaró la guerra en enero a través de sus redes al acusarlo de retenerle fondos que le corresponden a la ciudad. «Es política cuando la Provincia retiene fondos que les corresponden a los vecinos y vecinas de Ushuaia. Es política cuando eso impacta en nuestras paritarias, en poder acompañar la inflación que sufren nuestros trabajadores, en sostener los servicios», escribió Vuoto en X el mismo martes en que se preparaba la vigilia. El mensaje, lanzado a horas del acto del 2 de Abril, tuvo la intención de un torpedo: recordarle a todos los que llegaban de afuera que en Tierra del Fuego el peronismo no está unido, y que las fotos de los gobernadores tienen como fondo una provincia en llamas. El cronograma del acto refleja esa fractura con una precisión casi escénica: la vigilia del martes por la noche en Río Grande fue recibida por el intendente Martín Pérez, el mismo que rompió con Melella y construye su propia candidatura a gobernador para 2027. El acto central en el cenotafio de Ushuaia del miércoles fue en el territorio de Vuoto, el alfil de Cristina. Melella debió transitar en pocas horas los despachos de sus dos principales adversarios internos, con los gobernadores de las provincias más grandes del país como testigos. «Si seguimos así, en 2027 nos van a pasar por arriba. Cuando las decisiones se toman desde el centralismo y a dedo, después es muy difícil construir», había dicho el propio Melella en Radio Futurock días antes de los actos, en una frase que desnuda su estado de ánimo y su lectura del momento político. Kicillof necesita Malvinas, Quintela necesita aliados Detrás de los homenajes, cada gobernador tiene su agenda propia. Kicillof necesita salir del perímetro bonaerense y construir imagen nacional sin depender de la bendición de Cristina Kirchner, con quien la tensión no terminó de resolverse pese a los gestos de acercamiento de los últimos meses. Malvinas es el único terreno donde puede mostrarse como un líder federal sin que nadie le cuestione el motivo. Quintela necesita algo diferente pero complementario: demostrar que su pelea con Milei no es la resistencia solitaria de un gobernador en default, sino parte de una causa colectiva que convoca a todo el peronismo. Cada foto junto a Kicillof refuerza ese relato. Cada dirigente nacional que viajó con él a Tierra del Fuego es un argumento más para instalar que La Rioja no está sola. Ambos gobernadores exploran, además, el mismo camino político: una construcción federal por fuera del cristinismo puro, que haga equilibrio entre los votos que Cristina todavía genera y la necesidad de renovar el liderazgo del espacio para competir en 2027 con alguna posibilidad real. No es un camino fácil. Pero Malvinas, con su carga de unidad nacional y su capacidad de convocar más allá de las diferencias internas, es el escenario ideal para dar los primeros pasos visibles de esa construcción. El mensaje que se llevaron a casa Cuando la delegación regresó a sus provincias, el saldo político del viaje era más claro que cuando partieron. El peronismo federal demostró que puede movilizar gobernadores, senadores, diputados e intendentes de todo el país en torno a una causa que los une. Que puede hacerlo en Aerolíneas Argentinas, en la provincia más austral, ante los cenotafios de los caídos en una guerra que todavía duele. Y que puede hacerlo sin Cristina, sin el aparato del Instituto Patria como organizador y sin la bendición de la conducción formal de un partido que todavía está digiriendo su última derrota. El Gobierno nacional tomó nota. La ausencia de Villarruel fue su forma de responder. El 2027 que todos dicen que falta mucho todavía está tomando forma, vigilia a vigilia, provincia a provincia, foto a foto. En Tierra del Fuego, frente al Atlántico Sur que separa a la Argentina de sus islas, el peronismo ensayó esta semana su próxima versión. Todavía no sabe bien cómo se llama. Pero ya sabe dónde quiere llegar. 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