El presidente de la Cámara de Diputados salió de su rol protocolar y se mostró como un político con agenda propia, convicciones ideológicas firmes y una capacidad de confrontación que hasta ahora mantenía en segundo plano. En una entrevista extensa y descontracturada, atacó a los jueces que frenaron la reforma laboral, lloró de bronca por la mezquindad de la política, prometió que el populismo no volverá y lanzó una advertencia directa a los legisladores de La Libertad Avanza que juegan con la deslealtad. Para La Rioja, cada una de esas palabras tiene un peso electoral que va mucho más allá del Congreso.
Hay una versión de Martín Menem que el Congreso conoce: la del presidente de la Cámara de Diputados que maneja los tiempos parlamentarios con precisión, que negocia quórums en silencio y que administra la agenda legislativa con la discreción que el cargo le exige. Y hay otra versión, la que apareció en la entrevista del programa Economía de Quincho, que es políticamente más interesante y electoralmente más reveladora.
En esa conversación larga, sin libreto y cargada de definiciones, el sobrino de Carlos Menem y diputado nacional por La Rioja mostró sus convicciones más profundas, sus frustraciones más genuinas y su capacidad de confrontación ante actores que hasta ahora esquivaba nombrar. Lo que dijo no es solo el retrato de un presidente de cámara. Es el mapa ideológico de un candidato que ya está construyendo su próxima jugada.
La reforma laboral y la guerra contra los jueces
El primer frente de combate fue la justicia laboral. Menem calificó de «barbaridad» las medidas cautelares que frenaron artículos clave de la reforma laboral impulsada por el Gobierno de Milei, y apuntó con nombre y apellido contra el sector al que considera beneficiario del sistema actual: los estudios de abogados laboralistas que, en su visión, operan como intermediarios entre trabajadores y empresas.
«Esto es querer seguir cuidando el kiosco a un grupito de estudios de abogados que se ponen entre el laburante y la empresa», disparó, en una frase que resume con precisión brutal la mirada libertaria sobre el derecho laboral argentino. Y fue más lejos cuando se refirió a la composición del poder judicial: «Hay jueces que vienen con la vieja camada, los que han sido pro estudio jurídico que le roban la plata al laburante.»
El argumento de fondo es el de la teoría de la flexibilización como generadora de empleo: «Si vos tenés fácil la puerta de salida, la puerta de entrada va a ser mucho mejor y va a haber mucho más laburo genuino.» Es la tesis que divide aguas en el debate económico argentino desde hace décadas, y Menem la sostiene sin concesiones ni matices.
Las lágrimas y la bronca: un político que se muestra humano
Uno de los momentos más inesperados de la entrevista fue la revelación de que Menem llegó a llorar de bronca cuando se cayó el tratamiento del Banco Nacional de Datos Genéticos por falta de quórum. El episodio, que en otro contexto podría leerse como una anécdota menor, funciona aquí como una ventana hacia la dimensión emocional de un dirigente al que generalmente se percibe como frío y calculador.
«La política es muy mezquina y los tiempos electorales por ahí no acompañan lo que había votado la gente», afirmó, en una de las frases más honestas que se le han escuchado sobre el funcionamiento real del sistema político. Y remató con una reflexión que podría suscribir cualquier ciudadano desencantado con el Congreso: «Ni estando a favor, a veces la mezquindad o las ambiciones personales juegan un papel más importante que lo que beneficia a la población.»
La autenticidad del relato —que incluye la imagen de un presidente de cámara llorando en soledad por una votación que no se pudo dar— construye un perfil político que la comunicación libertaria ha buscado desde el principio: el del funcionario que siente, que se indigna y que no es parte del establishment que critica.
La advertencia a los desleales: un mensaje para adentro
El tramo más político de la entrevista, y quizás el de mayor impacto interno, fue el dedicado a la lealtad dentro de La Libertad Avanza. Menem no anduvo con rodeos al referirse a los legisladores que llegaron al Congreso con los votos de Milei y que luego tomaron distancia o jugaron en contra de la agenda oficialista.
«Hay algo que yo no me banco y me da mucha bronca es la deslealtad. Todos los que entraron el 23 entraron por los votos del presidente Milei», afirmó, trazando una línea muy clara sobre lo que considera el contrato político implícito que une a cada legislador del espacio con quien los hizo posibles. Y cerró con una advertencia que sonó a profecía: «Hay que ser agradecido, hay que ser leal en la vida porque la deslealtad en algún momento te la van a cobrar.»
El mensaje es transparente para quien quiera leerlo: Menem está avisando que el armado de listas para 2025 y 2027 tendrá en cuenta los comportamientos de cada legislador. Y que quien jugó para otro lado deberá atenerse a las consecuencias.
La batalla cultural y el fin del populismo
En el plano ideológico, Menem hizo propias las tesis centrales del proyecto libertario con una convicción que va más allá de la disciplina partidaria. Para él, el cambio que encarna Milei no es coyuntural ni reversible: «Esta vez el populismo no va a volver a la Argentina. Esto vino para quedarse.»
La afirmación descansa en su lectura de la «batalla cultural» que el presidente lleva adelante en paralelo a la gestión económica: «La batalla cultural que lleva adelante el presidente es tan importante como la gestión de gobierno.» Y pidió paciencia ante los resultados, recordando que la magnitud del desorden heredado no puede resolverse en un mandato: «No le podemos pedir a un presidente que arregle en dos años y medio las cagadas que hicieron durante más de 20 años.»
La defensa es política, pero también personal. Menem lleva el apellido de quien encarnó uno de los ciclos más controversiales de la historia argentina reciente, y en cada aparición pública construye su propia identidad sobre la base de diferenciarse del modelo que su familia representó, al mismo tiempo que reivindica ciertos elementos del legado menemista —la apertura económica, la desregulación— que el liberalismo contemporáneo resignifica como precursores de su proyecto.
La agenda legislativa: glaciares, hojarasca y PASO
En el plano concreto de la agenda parlamentaria, Menem adelantó tres iniciativas que marcarán el ritmo del Congreso en los próximos meses. La primera es la modificación de la Ley de Glaciares, que el diputado encuadró en términos de federalismo y desarrollo económico: «Es un paso enorme en cuanto al federalismo… por leyes estúpidas que atrasan no hemos podido desarrollar situaciones que van a generar mejora económica.» Para La Rioja, que posee reservas mineras de litio en zonas de alta montaña, esta reforma tiene implicancias directas e inmediatas.
La segunda es la llamada Ley Hojarasca, orientada a derogar normativas obsoletas —desde el carnet de mochilero hasta premios por descubrir carbón— en línea con la agenda desregulatoria del Ejecutivo. Y la tercera, presentada como deseo personal y no como agenda oficial, es la eliminación de las PASO, argumentando que votar cada dos años genera incertidumbre y atenta contra la «previsibilidad» que necesitan los actores económicos.
El trasfondo riojano: cada palabra tiene doble lectura
Para entender por qué estas declaraciones resuenan de manera especial en La Rioja es necesario recordar que Martín Menem es hoy el candidato más probable de La Libertad Avanza para disputar la gobernación provincial en 2027. Ya lo intentó en 2021, con resultado modesto. Volvió a perder en 2023 ante Quintela. Pero el escenario ha cambiado radicalmente: el mapa político riojano está más fragmentado, el quintelismo llegó al último proceso electoral con apenas 782 votos de ventaja sobre LLA, y la propia Casa Rosada declaró a La Rioja como su segunda prioridad territorial después de la provincia de Buenos Aires.
En ese contexto, cada definición de Menem sobre reforma laboral, lealtad política o batalla cultural es también un posicionamiento de cara a ese escenario. Y su aparición en medios nacionales con este perfil —combativo, emocional, ideológicamente nítido— forma parte de una construcción de imagen que va mucho más allá de la presidencia de la Cámara de Diputados.
La pregunta que La Rioja empieza a hacerse con mayor urgencia no es si Menem va a competir en 2027. Eso ya parece casi definido. La pregunta es si el peronismo provincial —fragmentado entre el quintelismo en retirada, las aspiraciones de la vicegobernadora Madera y el capital de imagen acumulado por la senadora Florencia López— tendrá la cohesión suficiente para resistir una candidatura que viene con el respaldo explícito del presidente más popular de los últimos años y con un apellido que, en La Rioja, todavía pesa más de lo que muchos están dispuestos a admitir.
Lo que la entrevista dejó en claro es que Martín Menem ya no está jugando solo a administrar el Congreso. Está construyendo el relato de lo que viene.































