Un informe oficial de la Secretaría de Hacienda sobre el tercer trimestre de 2025 revela una estructura financiera desequilibrada: liquidez en pesos, escasas reservas en moneda extranjera y un endeudamiento altamente dolarizado.
Un informe de la Secretaría de Hacienda del Ministerio de Economía correspondiente al tercer trimestre de 2025 expone con precisión la situación financiera de La Rioja y deja al descubierto un patrón que se repite en varias provincias, pero con particular intensidad en el caso riojano: liquidez en moneda local frente a una deuda fuertemente concentrada en dólares.
Según los datos oficiales, la provincia registraba depósitos a plazo fijo por $106.977 millones, lo que refleja una capacidad de colocación de excedentes transitorios en instrumentos financieros en pesos. Sin embargo, en moneda extranjera el stock era prácticamente insignificante: apenas 0,14 millones de dólares, un nivel que evidencia la ausencia de cobertura cambiaria frente a obligaciones externas.
El contraste más relevante surge al analizar el frente de deuda. La Rioja acumulaba un stock total de pasivos por $564.816 millones, de los cuales el 97% estaba denominado en moneda extranjera. Esto implica que casi la totalidad de los compromisos financieros de la provincia están expuestos a la dinámica del tipo de cambio, un factor crítico en un contexto macroeconómico caracterizado por volatilidad cambiaria y restricciones externas.

Desde una perspectiva de sostenibilidad fiscal, el descalce es evidente. Mientras los activos financieros líquidos están concentrados en pesos —y, por lo tanto, sujetos a la erosión inflacionaria—, las obligaciones se encuentran mayoritariamente dolarizadas, lo que incrementa el riesgo ante eventuales devaluaciones.
Este esquema genera una vulnerabilidad estructural: cualquier corrección del tipo de cambio impacta de manera directa en el peso real de la deuda, sin que exista un colchón en divisas que permita amortiguar ese efecto. En términos técnicos, se trata de un clásico “mismatch” de monedas, donde los flujos y stocks no están alineados en la misma denominación.
Además, el bajo nivel de reservas en dólares limita la capacidad de la provincia para afrontar vencimientos sin recurrir a reestructuraciones, refinanciaciones o asistencia externa. Este punto cobra especial relevancia en el contexto del litigio internacional por el Bono Verde, donde la presión de acreedores externos añade tensión al frente financiero.
En paralelo, los depósitos a plazo fijo, si bien reflejan una administración activa de la liquidez, también abren interrogantes sobre su eficiencia en un escenario de alta inflación. La rentabilidad real de estos instrumentos puede resultar negativa, lo que erosiona el valor de los activos en términos reales.
El informe de Hacienda, en este sentido, no solo describe una foto contable, sino que permite inferir la lógica de funcionamiento del esquema financiero provincial: una dependencia significativa del financiamiento externo en moneda dura, combinada con una administración de caja en pesos orientada a cubrir necesidades corrientes.
En el plano político y económico, estos datos reavivan el debate sobre la sostenibilidad de la deuda provincial y la estrategia financiera adoptada en los últimos años. También ponen en foco la relación con la Nación, en un contexto donde las provincias enfrentan restricciones crecientes en el acceso a financiamiento y menores transferencias discrecionales.
Así, el caso de La Rioja se posiciona como un ejemplo paradigmático de los desafíos que enfrentan las finanzas subnacionales en la Argentina: equilibrio fiscal condicionado por la macroeconomía, alta exposición al dólar y limitadas herramientas para gestionar el riesgo cambiario.
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