Quintela, mediador imposible: La Rioja atrapada en la guerra peronista entre Cristina y Kicillof
Mientras el gobernador riojano intenta reconciliar a los sectores en pugna, la interna kirchnerista amenaza con erosionar el dominio peronista en las provincias y debilitar la resistencia frente a Milei.
La fractura en el Partido Justicialista llegó a un punto de no retorno esta semana. Cristina Kirchner impuso una condición que suena casi imposible: que Axel Kicillof cruce la ciudad hasta San José 1111 y se siente a hablar con ella, cara a cara. No es un capricho. Es la única manera, según su entorno, de resolver una interna que dejó de ser política hace meses para convertirse en personal. El último encuentro entre la expresidenta y el ministro de Economía que llevó a la debacle de 2001 fue el 1 de octubre de 2025. Después vino la prisión domiciliaria, la cirugía, el aislamiento. Y el silencio de Kicillof.
Kicillof, mientras tanto, sigue construyendo su Movimiento Derecho al Futuro sin acercarse a Cristina. Sus operadores insisten en que no se trata de una ruptura kirchnerista, sino de un frente amplificado contra Milei. Pero el mensaje es otro: necesitan los votos de Cristina, pero sin legitimarla públicamente. En La Cámpora arden de furia. «No puede ser que a la mina que te dio todo la trates con esa indiferencia», repiten en los pasillos. Y mientras tanto, Kicillof no va.
Quintela entra en escena. El gobernador de La Rioja intentó ser el puente. Buscó reunir a ambos. No tuvo éxito. En un momento en que los gobernadores peronistas dominan sus provincias y ganaron elecciones rotundas, lo último que necesitan es que la interna se derrame hacia sus territorios. «Si empieza a explotar por todos lados, perdemos todos», resume un senador que busca asegurar la reelección de su gobernador. La Libertad Avanza está ganando terreno en las provincias. Si el peronismo se destroza en una guerra intestina, el resultado es evidente.
Pero hay gobernadores que han decidido que de esta interna no se sale sin un ganador claro. Gustavo Sáenz (Salta) y Raúl Jalil (Catamarca) acudieron a la jueza federal María Servini de Cubría con un pedido que no tiene vuelta atrás: que intervenga el PJ nacional que preside Cristina Kirchner. Es una declaración de guerra abierta. «Es ella o nosotros», repiten. Luis Barrionuevo, histórico enemigo de los Kirchner, fue quien organizó el encuentro. La estrategia es clara: si Cristina tiene una condena firme en la Causa Vialidad, ¿por qué sigue presidiendo el partido?
Miguel Pichetto alertó públicamente sobre el riesgo de intervención. En el entorno de Cristina, eso fue bien visto. Pero la realidad es que el argumento jurídico existe, aunque frágil. Pichetto lo refutó: «No hay fundamento. El partido tiene autoridades, tiene congreso partidario». Sin embargo, en la calle política, el derecho importa menos que la correlación de fuerzas.
La batalla se replica en Buenos Aires con candidatos multiplicándose como hongos en lluvia. Julio Alak, Jorge Ferraresi, Federico Otermín, Mayra Mendoza, Federico Achaval, Mariel Fernández, Leonardo Nardini. Todos caminando la provincia, todos negociando su posición en una contienda que todavía no tiene gobernador con autoridad para ordenar filas. Es el síntoma de la enfermedad: Kicillof no puede ni controlar a los suyos. Las operaciones cruzadas no cesan. Chats filtrados, duras respuestas, acusaciones de filtración. «Los que lloraban por mantener las internas en silencio ahora son los mismos que filtran para salir a contestar en los medios», denuncian desde La Cámpora.
Ángulo La Rioja. Quintela enfrenta un dilema sin salida. Como gobernador peronista que ganó con claridad electoral, necesita que la provincia se mantenga como territorio de poder propio. Pero como militante peronista que entiende que sin un proyecto nacional el peronismo se desmorona, sabe que no puede quedarse neutral. Si la interna explota en La Rioja, sus votos también se fragmentan. Si no interviene, pierde credibilidad como actor político con peso nacional. La Rioja, provincia pobre con gobernador fuerte, es rehén de una batalla que no genera. Quintela intenta ser el mediador que el peronismo necesita. Pero nadie lo escucha.