Carolina Sá, especialista en aguas abiertas y gélidas, denunció que la gestión de Ricardo Quintela le dio la espalda para costear los USD 1700 necesarios para homologar su marca en la Corona del Inca. Convivir con una discapacidad no le impidió competir en la elite, pero la falta de respuestas oficiales congeló sus próximos dos desafíos internacionales.
LA RIOJA.– El deporte de alto rendimiento en la Argentina suele transitar por carriles donde el esfuerzo individual roza la proeza, pero pocas veces la línea entre el logro histórico y el desamparo institucional queda tan expuesta como en el caso de la nadadora riojana Carolina Sá. Especialista en la disciplina extrema de aguas abiertas y aguas frías o gélidas, la atleta denunció públicamente el abandono de las autoridades gubernamentales de su provincia y advirtió que, ante la persistente inacción oficial, se verá obligada a registrar su récord mundial bajo la representación de otra jurisdicción del país.
La hazaña que desató la controversia no es menor: Sá logró establecer una marca internacional inédita al nadar en la Corona del Inca —un cráter volcánico semiinundado situado en la cordillera riojana— a una altitud de 5550 metros sobre el nivel del mar, una prueba que completó sin asistencia de oxígeno suplementario y sumergida en aguas con temperaturas bajo cero. El desafío tuvo, además, una fuerte impronta malvinera, concebido por la deportista como un homenaje a los veteranos de guerra.
A pesar de la magnitud de la gesta, el reconocimiento formal se encuentra paralizado por razones estrictamente económicas. La homologación oficial del récord ante los organismos internacionales competentes demanda un arancel de USD 1700, una cifra administrativa que las dependencias de la gestión provincial se comprometieron a cubrir pero que, según la denunciante, nunca fue desembolsada.
«Un sueño congelado»
«Entrenar el cuerpo al límite es duro, pero convivir con la desidia de quienes prometieron apoyo es devastador», manifestó Sá a través de un duro descargo público. La nadadora, quien convive con una discapacidad y compite en igualdad de condiciones frente a las principales exponentes mundiales de la especialidad, arrastra una trayectoria de 16 años recorriendo el país en competencias de aguas frías, portando una bandera que rinde tributo a los caídos en el Atlántico Sur.
La atleta lamentó que el respaldo del arco político local se haya reducido a «una foto de ocasión» y al financiamiento de apenas una fracción menor de una inscripción previa. «Todo lo demás salió de mi bolsillo y de mi familia. Las promesas de gestión se las llevó el viento», fustigó. Asimismo, el conflicto escaló en el terreno digital tras los reclamos de la nadadora, quien denunció haber recibido falsas acusaciones de agresión en redes sociales por parte de entornos oficiales, imputaciones que —aseguró— son desmentidas por las capturas de pantalla de los intercambios correspondientes.
«Llevo más de un año golpeando puertas para que este logro quede oficialmente registrado para La Rioja, la tierra que amo. Pero ante tanta inacción, me veré en la dolorosa obligación de entregarle este hito histórico a otra provincia que sí valora el deporte», advirtió la nadadora.
La parálisis presupuestaria no solo mantiene en el limbo legal la marca obtenida en la cordillera, sino que bloquea el desarrollo de su agenda competitiva para el corto y mediano plazo. De acuerdo con el equipo técnico de la deportista, la falta de los USD 1700 de la certificación mantiene «congelados» otros dos proyectos de récords mundiales que ya se encuentran planificados en su calendario. «El logro es y será siempre de los veteranos a quienes les juré ‘No al olvido’, aunque hoy el corazón me sangre por la injusticia de quienes debieron cuidar el deporte y decidieron mirar para otro lado», concluyó.







