La Rioja, reconocida como la cuna de la olivicultura argentina y origen de la variedad Arauco, busca preservar una actividad ligada durante siglos a su identidad económica y cultural. El desafío actual combina dificultades sanitarias, caída de precios, elevados costos productivos y escasez de agua.
Según un informe de Clarín Rural, productores, empresas y organismos públicos avanzan con tecnología, agregado de valor y diversificación. En establecimientos como Vista Larga, en el Valle de Huaco, los olivares conviven con viñedos y nogales, mientras la producción de aceite, vino y frutos secos se complementa con visitas y degustaciones.

La eficiencia resulta determinante. Más del 95% del riego productivo riojano depende de perforaciones, de acuerdo con el senador nacional y productor Fernando Rejal. La energía puede representar entre el 40% y el 45% de los costos netos de la olivicultura.
Frente a esa presión, algunas fincas incorporaron riego por goteo automatizado, sensores de humedad y generación solar. La mecanización y los cultivos de mayor densidad también aparecen como herramientas para reducir costos y utilizar mejor el agua.

El sector enfrenta, además, el avance de la bacteria Xylella fastidiosa sobre olivares tradicionales. Julio Ariel Juárez, investigador del INTA Aimogasta, advirtió que numerosas plantas se secaron y que todavía faltan protocolos precisos para controlar la enfermedad transmitida por insectos.
Otro camino es abandonar progresivamente la venta indiferenciada y avanzar con aceites de alta gama, productos orgánicos y marcas vinculadas al territorio. Empresas riojanas ya colocan sus aceites en restaurantes de Buenos Aires y desarrollan proyectos de economía circular con residuos del olivo y la vid.

El oleoturismo completa esa estrategia. Recorridos por fincas, degustaciones y circuitos integrados con el vino y la gastronomía permiten generar ingresos y difundir la historia productiva provincial.
Entre el olivo cuatricentenario de Aimogasta y los nuevos sistemas de riego inteligente, La Rioja intenta combinar tradición e innovación para mantener competitiva una de sus economías regionales más representativas.



