El Diario de Eduardo German

La Rioja · Argentina

La fiebre del 86%: Cuando la dependencia crónica de La Rioja se vuelve crisis aguda

La dependencia de los fondos nacionales siempre fue la condición de base de la economía provincial. Hoy, ante la caída de la recaudación, esa condición se inflama y amenaza con paralizar el funcionamiento diario del Estado y la vida de los riojanos. Para entender la economía de La Rioja hay que partir de un número…

La dependencia de los fondos nacionales siempre fue la condición de base de la economía provincial. Hoy, ante la caída de la recaudación, esa condición se inflama y amenaza con paralizar el funcionamiento diario del Estado y la vida de los riojanos.

Para entender la economía de La Rioja hay que partir de un número que funciona como su ADN fiscal: 86%. Esa es la porción de los ingresos totales que la provincia recibió en 2024 desde la Nación por coparticipación. Durante años, esta realidad es una condición crónica, una característica estructural que, si bien generaba una vulnerabilidad permanente, se lograba gestionar mientras el flujo de fondos se mantenía estable. La Rioja aprendió a vivir con esta dependencia, un equilibrio precario sostenido por la regularidad de los envíos nacionales.

Hoy, sin embargo, esa condición crónica derivó en una crisis aguda. La «dosis» de recursos que mantenía en funcionamiento al paciente está disminuyendo de manera alarmante. Las proyecciones para 2025 indican una caída real del 4.2% en estas transferencias, una contracción que, para una economía tan dependiente, es un golpe devastador. La causa de esta «fiebre» es doble: por un lado, la lenta actividad económica nacional que deprime la recaudación de impuestos clave como el IVA; por otro, decisiones de política tributaria del Gobierno Nacional que impactan directamente en la masa de fondos a repartir.

Este cuadro febril tiene consecuencias tangibles y directas que se sienten en cada rincón de la provincia, desde la capital hasta el interior profundo de Chilecito.

  • El sistema circulatorio en riesgo: La cadena de pagos del sector público, el principal motor económico y empleador de la provincia, es el sistema circulatorio. Cualquier interrupción o demora en el pago de sueldos provoca una parálisis inmediata en el comercio y los servicios locales, afectando a miles de familias.
  • Los órganos vitales, comprometidos: El funcionamiento de hospitales y escuelas depende de manera crítica de estos fondos. La crisis actual se traduce en menos recursos para insumos, para el mantenimiento de la infraestructura educativa y sanitaria, y para sostener los salarios del personal esencial.
  • El andamiaje, paralizado: La inversión en obra pública, tanto la poca que podía encarar la provincia como la nacional, que está virtualmente congelada, es el esqueleto que sostiene el desarrollo. Sin ella, no hay mejora de caminos, ni redes de agua, ni infraestructura básica, profundizando el aislamiento y el estancamiento.

No existe una cura sencilla para esta situación. Una inyección de fondos discrecionales podría funcionar como un analgésico de corto plazo, aliviando el dolor agudo pero sin tratar la enfermedad de fondo. La verdadera solución, mucho más compleja y a largo plazo, implica un cambio profundo en la matriz productiva de La Rioja. Fomentar la inversión privada, diversificar la economía para ampliar la base de recaudación propia y, en definitiva, reducir esa dependencia del 86%, es el único camino sostenible.

Mientras tanto, la provincia enfrenta el desafío más grande de los últimos años: gestionar la emergencia sin perder de vista la necesidad de un tratamiento estructural que le permita, algún día, dejar de vivir al borde de la asfixia financiera.


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