En el mismo terreno donde Carlos Menem cumplió prisión domiciliaria durante cinco meses en 2001, hoy los vecinos disfrutan de porciones de muzza y cajitas de pollo frito.
La quinta de Don Torcuato, que alguna vez fue una lujosa mansión con historia, fue completamente demolida y en su lugar se alza un centro comercial que refleja el pulso actual del conurbano norte.
Durante su detención en el marco de la causa por contrabando de armas, Menem ocupó una propiedad con pileta, quinchos y hasta rumores de túneles secretos. Fue el primer presidente elegido democráticamente en ser arrestado durante un gobierno democrático. Allí convivió con Cecilia Bolocco, recibió a aliados políticos y vivió uno de los capítulos más tensos de su carrera.
Con los años, la casona cayó en el abandono y fue utilizada como depósito de autos hasta que una desarrolladora inmobiliaria adquirió el terreno. Hoy, donde antes se oían marchas peronistas y se hablaba de teorías conspirativas, se escuchan pedidos de delivery y se comparten mesas al paso.
El cambio no solo es edilicio: es también simbólico. Lo que antes representaba el poder y sus sombras, hoy es parte de la rutina gastronómica. La historia quedó reducida a la memoria barrial y a una curiosidad urbana: donde antes hubo túneles, hoy hay combos con papas.







