El gobernador utiliza el descontento de la industria local para reafirmar que su enemigo político es el presidente, buscando consolidar su liderazgo y dejar sin espacio a la oposición en la provincia.
LA RIOJA. El gobernador Ricardo Quintela intensifica su estrategia de polarización política en La Rioja, utilizando la crisis de la industria textil como un nuevo frente de batalla contra el gobierno de Javier Milei. Su reciente reunión con la Federación Obrera de la Industria del Vestido y Afines (FONIVA) no solo tuvo como objetivo buscar soluciones para el sector, sino que se convirtió en una tribuna para señalar a Milei como su principal enemigo político y simplificar el escenario electoral en la provincia.
A través de su cuenta de X (ex Twitter), Quintela dejó de lado los matices para lanzar un ataque directo. Acusó al gobierno nacional de un “abandono permanente” que debilita la industria y pone en riesgo miles de fuentes de trabajo. Esta narrativa, que vincula directamente los despidos en La Rioja con las políticas de Milei, busca polarizar el electorado entre un gobierno provincial que defiende el empleo y un gobierno central que lo destruye.
La secretaria de Empleo provincial, Myriam Espinoza, reforzó este mensaje al trazar un paralelismo entre la situación actual y la “dolorosa y cruel” experiencia del modelo neoliberal de los años 90. Esta referencia histórica busca despertar la memoria de un electorado que sufrió las consecuencias de la apertura económica, presentando a Milei como la continuidad de un pasado que la provincia rechaza. Al hacerlo, Quintela busca reafirmar su liderazgo y dejar a la oposición local sin margen de maniobra, obligándola a alinearse con un gobierno nacional que es percibido como hostil para la economía provincial.
El mensaje es claro y contundente: en La Rioja, la lucha política es entre el gobierno de Quintela, protector de la industria y el empleo, y el gobierno de Milei, promotor de la austeridad y la apertura de importaciones. Con más de 150 trabajadores textiles ya afectados por la crisis, el gobernador utiliza el descontento social como un arma para consolidar su poder y asegurar que, en el ajedrez político local, el único adversario visible sea el presidente de la Nación.







