Mientras la pobreza en la región alcanzará su nivel más bajo en 2025, el país enfrenta el desafío de transformar los ingresos laborales en un motor genuino de ascenso social en medio de un crecimiento económico estancado.
El panorama social de América Latina y el Caribe (ALC) presenta una paradoja: para 2025, se prevé que la pobreza caiga a su mínimo histórico, permitiendo que la clase media (hogares con más de 17 dólares diarios por persona) se convierta en el grupo económico más grande con el 42,8% de la población. Sin embargo, en la Argentina, el escenario es más complejo.
Según el informe del Banco Mundial «Actualización Regional de Pobreza y Desigualdad», el crecimiento económico es la gran asignatura pendiente. Mientras que regiones como Asia Oriental crecieron al 5,3% anual, Latinoamérica apenas alcanzó un 1,6%, el desempeño más débil entre las regiones en desarrollo.
El trabajo: el único camino seguro
Los datos entre 2022 y 2024 son contundentes: el empleo y los ingresos laborales generaron más de la mitad de toda la reducción de la pobreza en la región.
Cuando el jefe de hogar consigue empleo, la probabilidad de que su familia escape de la pobreza aumenta en 26,5 puntos porcentuales.
Sin embargo, en Argentina, los determinantes de los cambios en la tasa de pobreza muestran una dependencia crítica del mercado laboral (ver gráfico), donde el estancamiento de la productividad laboral durante una década ha frenado la recuperación de los salarios reales.
Radiografía de la Pobreza y la Clase Media (Proyección 2025)
| Grupo Económico | Porcentaje de la población (ALC) | Situación |
|---|---|---|
| Clase Media | 42,8% | Grupo mayoritario por primera vez. |
| Vulnerables | 32,2% | En riesgo constante de caer en la pobreza. |
| Pobres | 25,0% | 1 de cada 4 personas sigue bajo la línea. |
La trampa de la informalidad y la «clase baja» persistente
El informe destaca que no basta con crear puestos de trabajo; el problema es la calidad. En la región, 8 de cada 10 trabajadores pobres están atrapados en la informalidad, sin beneficios ni seguridad social. En países como Argentina, esta precariedad se traduce en una «trampa de pobreza» donde los hogares permanecen en la misma situación año tras año debido a:
- Sistemas educativos desalineados: los graduados no encuentran empleos que aprovechen sus habilidades.
- Regulaciones rígidas: barreras que desincentivan la contratación formal y el crecimiento de las pymes.
- Crédito limitado: falta de inversión para empresas productivas que podrían generar mejores salarios.
Expectativas y reformas: el caso argentino
Este diagnóstico del Banco Mundial coincide con el clima de opinión interna. Según una encuesta reciente de DC Consultores realizada en febrero de 2026, la sociedad argentina se encuentra dividida respecto a las reformas estructurales necesarias para revertir esta tendencia:
- 66,7% considera que las reformas actuales son el «comienzo del despegue» para que el país finalmente crezca.
- 33,3% las percibe como el «principio del fin», temiendo un retroceso mayor.
El desafío para el país es claro: convertir ese «despegue» en empleos de alta productividad en sectores estratégicos como la agroindustria y la energía, para que la salida de la pobreza no sea un evento transitorio, sino un paso firme hacia la estabilidad económica.

































