Un gráfico del Ministerio de Desregulación en base a datos del SEPA muestra que el precio real de la yerba mate en el AMBA tocó su valor más bajo desde 2022, luego de que la eliminación de controles de precios y restricciones a la producción en diciembre de 2023 derrumbara el valor constante del producto insignia del consumo popular argentino. Para La Rioja, donde el mate es cultura cotidiana y gasto fijo en los hogares más humildes, el dato tiene una lectura concreta.
El mate es la infusión más consumida de Argentina. Está en todas las mesas, a toda hora, en todos los estratos sociales. Y su precio, más que cualquier otro indicador, funciona como termómetro del bolsillo popular. Por eso, el gráfico publicado esta semana por la cuenta @arg_endatos —elaborado por el Ministerio de Desregulación en base al sistema SEPA— tiene una lectura política, económica y social que va mucho más allá del mercado yerbatero.
La línea de precio real de la yerba mate en el AMBA, expresada en pesos constantes de enero de 2022, cuenta una historia clara: el producto llegó a su pico máximo en diciembre de 2023 —cuando el shock inflacionario del arranque del gobierno de Milei disparó todos los precios nominales— y desde entonces no paró de caer. Para septiembre de 2025, el precio real había descendido a su nivel más bajo de toda la serie histórica relevada, por debajo incluso de los valores de 2022.
El antes y el después de la desregulación
Hasta diciembre de 2023, el mercado yerbatero argentino estaba regulado por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), un organismo que fijaba precios mínimos en las distintas etapas de la cadena —hoja verde, yerba canchada, yerba elaborada— y establecía restricciones a la producción para evitar sobreoferta y proteger a los productores, mayoritariamente misioneros y correntinos.
El gobierno de Milei, en el marco de su política de desregulación económica, eliminó los controles de precios y las restricciones productivas del sector yerbatero como parte de sus primeras medidas de gestión. La decisión fue resistida por las provincias productoras, que advirtieron que la desregulación aplastaría el precio al productor y devastaría a los pequeños yerbateros.
El gráfico confirma que el precio real cayó drásticamente tras esa medida. Desde el pico de diciembre de 2023, la curva descendió de manera pronunciada y sostenida durante casi dos años, llegando a valores reales cercanos a los $300 en precios constantes de enero de 2022, frente a los más de $520 del momento máximo.
Dos lecturas para un mismo dato
El derrumbe del precio real de la yerba mate admite dos interpretaciones que el debate político nacional convirtió en bandera de cada sector.
Para el gobierno de Milei y los defensores de la desregulación, la caída del precio real es exactamente el resultado buscado: la eliminación de regulaciones artificiales permitió que la competencia funcione, que la oferta se ajuste a la demanda y que el consumidor final acceda a un producto más barato. En ese relato, el gráfico es una victoria del libre mercado sobre el intervencionismo.
Para los productores yerbateros de Misiones y Corrientes, y para los críticos de la desregulación, la misma curva cuenta otra historia: el precio al productor de hoja verde se derrumbó junto con el precio al consumidor, afectando los ingresos de miles de pequeños agricultores que no tienen capacidad de negociación individual frente a los grandes molinos. La «eficiencia» del mercado se tradujo en empobrecimiento de la cadena primaria.

El ciclo completo: de la regulación al colapso y la recuperación parcial
El gráfico también muestra que entre 2022 y 2023 el precio real de la yerba tuvo sus propios altibajos bajo el régimen regulado. En el primer semestre de 2022 el valor real rondaba los $380, bajó a cerca de $300 durante 2023 —en plena crisis inflacionaria que erosionaba el poder de compra— y luego se disparó nominalmente con el shock de precios de fin de 2023, aunque en términos reales eso se tradujo en un pico puntual seguido de caída libre.
Lo que el gráfico no muestra —pero que complementa la lectura— es que entre mayo y junio de 2024 hubo una recuperación parcial del precio real, probablemente asociada a ajustes de precios nominales que superaron temporalmente a la inflación. Sin embargo, esa recuperación no se sostuvo y la tendencia retomó su caída hasta el piso de septiembre de 2025.
La mirada riojana: lo que baja en góndola no siempre llega al bolsillo
Para los hogares riojanos, especialmente los de menores ingresos donde el mate es uno de los pocos consumos que se mantienen constantes independientemente de la situación económica, la caída del precio real de la yerba debería ser una buena noticia. Y en términos de acceso al consumo, lo es.
Pero hay un matiz que La Rioja conoce bien: la transmisión de precios entre el AMBA —donde se releva el dato— y el interior profundo no es perfecta ni inmediata. Los costos logísticos, los márgenes de los distribuidores regionales y la menor competencia en los puntos de venta del interior hacen que las bajas de precios en el área metropolitana lleguen con retraso, amortiguadas y a veces directamente no llegan.
Lo que sí es innegable es que la desregulación del mercado yerbatero se convirtió en uno de los casos más visibles —y más disputados— del experimento libertario en la economía real. El precio de la yerba bajó. El ingreso del productor también. Y en ese balance queda la pregunta que ningún gráfico responde solo: ¿quién ganó y quién perdió con la desregulación?








































