El Colegio de Kinesiólogos y Fisioterapeutas de La Rioja conmemoró este 13 de abril con actividades de RCP y control de salud en la Plaza 25 de Mayo. Con casi 600 matriculados y 40 nuevos profesionales a punto de jurar, la profesión crece en la provincia. Pero el festejo convive con una tensión que el propio tesorero del Colegio no esquivó: las obras sociales, públicas y privadas, adeudan pagos y comprometen la continuidad del servicio.
Este 13 de abril, fecha en que Argentina conmemora la creación de la primera escuela de kinesiología del país, el Colegio de Kinesiólogos y Fisioterapeutas de La Rioja eligió la Plaza 25 de Mayo como escenario de una jornada abierta a la comunidad. La actividad, organizada en conjunto con la Universidad Barceló y el Ministerio de Salud Pública provincial, combinó capacitación ciudadana, control sanitario y difusión de los derechos de los pacientes.
Lo que pasó en la plaza
Durante la mañana, alumnos de quinto año de la Universidad Barceló brindaron capacitaciones en Reanimación Cardiopulmonar a los vecinos que se acercaron al lugar. El Ministerio de Salud dispuso puestos para el control de signos vitales, y el Colegio distribuyó folletería sobre el ejercicio legal de la profesión y la importancia de la rehabilitación kinésica. La presencia en el espacio público tiene un objetivo que excede la celebración: instalar en la conciencia ciudadana que la kinesiología no es un servicio de lujo ni un complemento optativo, sino un componente central de la atención sanitaria, especialmente en patologías crónicas, neurológicas y traumatológicas.
Una profesión que crece en La Rioja
Javier Páez, tesorero del Colegio, subrayó que la labor del kinesiólogo construye un vínculo humano particular con el paciente, sostenido en la continuidad de los tratamientos —una característica que distingue a la profesión de otras especialidades donde la relación es episódica. Ese vínculo, señaló, es al mismo tiempo la fortaleza del rol y la fuente de mayor responsabilidad ética frente al desfinanciamiento del sistema.
En términos cuantitativos, el sector muestra dinamismo: el Colegio cuenta actualmente con cerca de 600 matriculados, y el próximo fin de semana se realizará la jura de aproximadamente 40 nuevos profesionales, lo que llevará la matrícula por encima de ese umbral. La incorporación de egresados de la Universidad Barceló —institución que consolidó su presencia en La Rioja en los últimos años— es el principal motor de ese crecimiento.
La sombra de las obras sociales
La celebración, sin embargo, no pudo desvincularse del contexto económico que atraviesa el sector. Páez reconoció sin eufemismos que la relación con las obras sociales —tanto públicas como privadas— atraviesa un momento difícil. Desde el Colegio trabajan de manera permanente para regularizar los pagos y garantizar que los matriculados puedan sostener sus prestaciones sin que la situación financiera de los financiadores degrade la calidad de la atención.
La denuncia se inscribe en un patrón que recorre todo el sistema sanitario provincial y nacional: el mismo día en que el Colegio de Farmacéuticos alertaba sobre las casi cinco quincenas que PAMI adeuda a las farmacias riojanas, los kinesiólogos señalan la misma fractura en otro eslabón de la cadena. Obras sociales que no pagan en término a sus prestadores transfieren el costo financiero hacia los profesionales, quienes deben sostener sus consultorios con ingresos diferidos mientras afrontan costos operativos en tiempo real.
El cuadro que emerge no es sectorial sino sistémico: el ajuste en el gasto público nacional en salud —vía PAMI, Remediar y transferencias a obras sociales— se descarga sobre los prestadores del interior, que tienen menor capacidad de absorber el impacto y menor poder de negociación frente a los financiadores. El Día del Kinesiólogo en La Rioja fue, este año, una celebración con advertencia incorporada.







