En una entrevista con La Nación, el gobernador riojano admitió que «quisiera ser candidato a presidente», aunque elogió a Axel Kicillof, Sergio Massa y Sergio Uñac como compañeros de PASO. Defendió las primarias frente a la ofensiva del Gobierno por eliminarlas, ratificó que el armado debe incluir a Cristina Kirchner —»injustamente detenida»— y se mostró como el articulador de una mesa de gobernadores opositores.
El gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, blanqueó este fin de semana sus aspiraciones presidenciales para 2027 y se ubicó como el principal articulador del armado peronista que busca recuperar el poder en las elecciones nacionales. «Yo quisiera ser candidato a presidente», afirmó en una entrevista con LA NACION, en la que también elogió a Axel Kicillof, Sergio Massa y Sergio Uñac como compañeros con condiciones para encabezar una eventual fórmula opositora.
La definición coloca a la provincia en un lugar de protagonismo nacional inédito en las últimas décadas. Desde su despacho en la Casa de Gobierno riojana, Quintela viene tejiendo desde hace meses una mesa de gobernadores peronistas y aliados que ahora reconoce públicamente: incluyó en la lista de «compañeros que tenemos que volver a convocar» a Sergio Ziliotto, Gerardo Zamora, Gustavo Sáenz, Hugo Passalacqua, Alberto Weretilneck, Raúl Jalil y Osvaldo Jaldo. La nómina cruza fronteras políticas y geográficas, e incluye a los gobernadores que mantienen una relación más fluida con la Casa Rosada.
El mandatario riojano enmarcó su jugada en un diagnóstico crítico sobre el estado del peronismo y sobre la calidad institucional de la administración de Javier Milei. Sostuvo que el voto de 2023 no fue un repudio al kirchnerismo sino al «sistema político» en su conjunto, y atribuyó la derrota legislativa de 2025 al «despertar del antiperonismo» tras la elección desdoblada en la provincia de Buenos Aires. «El peronismo es el único movimiento que se está organizando y que puede ser alternativa para Milei porque el resto de los partidos están totalmente desmembrados», remarcó.

Quintela ratificó que el armado opositor incluye a Cristina Kirchner como vértice ineludible. «Cristina es peronista y es la líder más importante que tiene el peronismo», afirmó, y volvió a denunciar que la expresidenta «está injustamente detenida» porque, a su criterio, «no se puede condenar a una persona sin pruebas». El respaldo a la dos veces presidenta marca una diferencia con el sector renovador que impulsa a Kicillof como heredero generacional sin el peso de la herencia kirchnerista.
Sobre el bonaerense fue contundente: «Con Kicillof tenemos una muy buena relación, por lo tanto no voy a ser objetivo. Es el gobernador de la provincia más importante, que se pudo desenvolver de la mejor manera posible en una crisis que lo afecta en mayor medida que al resto de las provincias porque nos quitaron parte de lo que nos corresponde por coparticipación». La frase resulta particularmente sensible en La Rioja, que mantiene un litigio paralelo en la Corte Suprema por las transferencias automáticas y que sufre los mismos recortes denunciados por Buenos Aires.
La defensa de las PASO constituye otro eje central del discurso quintelista. En momentos en que el oficialismo nacional impulsa un proyecto para eliminar las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias —respaldado por una parte del propio peronismo provincial—, el gobernador riojano se pronunció a favor de sostener el mecanismo. «El peronismo lo que necesita es la PASO o un proceso interno que permita que toda la materia prima que tenemos pueda exhibirse en la sociedad», planteó, y propuso una primaria con tres o cuatro precandidatos para que «la sociedad vea que tenemos una oferta electoral interesante».
Esa posición le permite construir un dispositivo táctico de doble filo: por un lado, lo habilita a competir contra cualquier candidatura que intente imponerse desde Buenos Aires —incluida la del propio Kicillof si Cristina Kirchner decide bloquearla—; por el otro, lo posiciona como garante de una interna abierta que naturalice la presencia de gobernadores del interior en la oferta electoral. La consigna que repitió a LA NACION fue precisa: competir «siempre acordando no dañarnos, no insultarnos, no descalificarnos».
El gobernador también marcó diferencias con sus pares peronistas que mantienen un vínculo orgánico con la administración Milei. Sin nombrar directamente a Jaldo y Jalil —a quienes, sin embargo, sumó a la mesa de armado—, sostuvo que él «siempre ha planteado diferencias de fondo» y que reclama «un Estado fuerte que se ponga a debatir con los poderes concentrados». El planteo se inscribe en su confrontación sostenida con el Gobierno nacional por la coparticipación, los fondos discrecionales, las obras públicas paralizadas y el ahogamiento financiero que denuncia desde 2024.
La incorporación de Massa al menú de presidenciables fue otro de los datos políticos relevantes de la entrevista. «Fue una buena gestión, no fue una mala gestión. Tengamos en cuenta que había una crisis muy fuerte. Massa fue un buen candidato. Estuvimos a un par de puntos de ganar en primera vuelta», defendió, frente a quienes responsabilizan al exministro de Economía por la derrota ante Milei. La mención coloca al líder del Frente Renovador en un escenario de paridad con Kicillof y Uñac dentro del menú quintelista.
Para La Rioja, el reposicionamiento de Quintela tiene consecuencias institucionales y económicas inmediatas. La provincia, que arrastra un default sobre sus bonos en moneda extranjera, litiga contra la Nación en el máximo tribunal y figura entre los distritos peor posicionados en los últimos informes de pobreza del INDEC, queda ahora en el centro del armado opositor. La proyección presidencial del mandatario eleva el costo político de cualquier represalia financiera de la administración Milei sobre el distrito y, simultáneamente, transforma cada decisión de gobierno provincial —desde la política minera hasta el manejo de las cuentas públicas— en un insumo de la pelea por 2027.







