El 7 de mayo fueron las elecciones en la provincia de La Rioja. En la oportunidad, Ricardo Quintela logró su continuidad como gobernador, pero ya solo, sin la bendición de Sergio Casas como ocurrió en el 2019. Ya el actual mandatario comenzó a transitar su último tramo, tras que la revuelta en Jujuy cerró la discusión sobre que la reforma constitucional lo habilitaría para un nuevo mandato.
En el mismo día, Armando Molina fue consagrado intendente electo. Así se cumple el sueño de los socios de la vida para manejar la Provincia y la Capital. Sin embargo, los egos y fundamentalmente los recursos, ponen en jaque una buena relación institucional.
Más allá que no haya asumido el segundo período, el peronismo discute el post quintelismo que tiene mandato hasta el 10 de diciembre de 2027.
Con una transición muy larga por los comicios provinciales, Quintela no tiene chance de continuidad y además puede gobernar con un signo político no amigo en la Casa Rosada. Se jugó por Eduardo de Pedro y hoy el candidato de Cristina Fernández es Sergio Massa. En el frente están Horacio Rodríguez Larreta, Patrica Bullrich y Javier Milei respectivamente.

En ese marco, Molina tiene todo su derecho de armar poder propio desde un bastión complicado como es la Intendencia capitalina. Los chispazos con el gobernador vendrán por los recursos, ya que además debe haber financiamiento para las demás intendencias del interior.
Con una ciudad detonada que el mismísimo gobernador tiene mucho que ver con las trabas a la gestión de Inés Brizuela y Doria, el intendente electo no tendrá chance de ningún pretexto a las demandas de los capitalinos. ¿De dónde saldrá el dinero? De la misma caja que maneja Quintela en el marco de un país fundido y con una inflación galopante.
Lo cierto que eso llevará a desencuentros entre los viejos socios de la vida, ya que los problemas no se solucionan con abrazos sino con recursos «vivos».







